Los 8 mejores albumes (y un par de bonus tracks) del 2015… hasta ahora.

Este año nos ha entregado, como se esperaba, varias obras de calidad mayúscula, sin embargo, he aquí los más destacados al momento.

2015 prometía ser un año bastante generoso para los amantes de la buena música, pues la lista de lanzamientos que se manejaba los primeros días de enero no hacía más que poner sonrisas en los escuchas del mundo. Han pasado ya 7 meses del 2015 y aquí te presentamos lo que consideramos las mejores obras discográficas hasta el momento. Cabe aclarar dos cosas: como toda lista, está sujeta a la subjetividad, así que no se trata de una verdad absoluta, sino una invitación abierta a engrosar la misma, pues entre más música, mejor. Por otro lado, no existe orden de importancia o jerárquico, simplemente se ordenarán cronológicamente. Una vez dicho lo cual, pasemos a lo bueno:

 

Panda Bear - Panda Bear Meets the Grim Reaper

 

Noah Lennox entregó muy pronto uno de los álbumes emblemáticos de este año. Lleno de atmósferas, texturas, juegos rítmicos y guiños a otros géneros (resultan geniales sus sampleos a Debussy o Tchaikovsky), la mayor cualidad de este disco radica en la calidad composicional: Panda Bear es un gran creador de canciones pop. Por eso este disco sobrevivirá, no obstante ser lanzado en los primeros días de enero, en todas las listas que se hagan al final del año. Al tiempo.

 

Sleater-Kinney – No Cities to Love 

 

Existen muchas personas que afirman que los noventa están de vuelta. Sleater-Kinney puso su grano de arena para hacer cierta dicha sentencia: tras 10 años de silencio, regresaron tan afiladas y geniales como siempre, sin perder un ápice del sonido que las convirtió en la mejor banda del mundo. No Cities to Love es la mejor muestra de que ese fuego primigenio que incendiara los noventa, está más vivo que nunca.

 

Björk – Vulnicura

 

¿Qué se puede decir de la mujer que puso a Islandia en el mapa, que nos hizo bailar desenfrenadamente, que nos enseñó que la música de big band podía ser usada con ingenio a mediados de los noventa, que resignificó el trip-hop, que fusionó la electrónica con la música académica como pocos, que nos demostró que era una gran actriz, que nos deslumbra el alma con cada vídeo que lanza, que hizo un disco utilizando sólo la voz y que fue pionera en el hoy muy sobado arte de lanzar un disco en forma de app? Afortunadamente, aún mucho: Björk es el símil musical de Edison o Da Vinci, pues resulta tan prolífica como sorprendente. En Vulnicura, la islandesa se reinventa por enésima vez y nos demuestra que su genio es inagotable. Un disco desgarradoramente hermoso.

 

Father John Misty – I Love You, Honey Bear

 

Lamentable e inevitablemente, el mundo carece muchas veces de justicia, y para muestra, un botón: siempre que se habla de Father John Misty, proyecto de Joshua Tillman, se menciona a su banda anterior, Fleet Foxes. Sin embargo, el paso de Tillman por aquella agrupación de barbudos fue mínimo, pues sólo se encargó de reemplazar al antiguo baterista. Esa loza ha sido muy pesada de mover, pero con este I Love You, Honey Bear, parece que la siempre ciega dama justiciera al fin pondrá a Joshua en el lugar que se merece: como uno de los mejores cantautores de su generación. Un disco que pasea por la electrónica, el pop y el folk con facilidad pasmosa. Discazo.

 

Kendrick Lamar – To Pimp a Butterfly

 

Si por algo será recordado este año, es por esta auténtica obra maestra del hip-hop. Estamos frente a un clásico instantáneo, una declaración de principios, un manifiesto de cómo se conciben los afroamericanos dentro de una sociedad compleja que, al tiempo que los abraza y los coloca como cabeza de su cultura (simplemente veamos quienes mandan tanto política como artísticamente en los Estados Unidos), es capaz de someterlos y hasta asesinarlos sin motivo. Lamar se convirtió, sin que nadie lo sospechara, en heredero directo de Marvin Gaye, James Brown o Public Enemy, pues fue capaz de dar voz a las inquietudes de toda una comunidad. Este disco rompe esquemas y barreras: se trata del nuevo paradigma de la música de protesta.

 

Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

 

Quien esto escribe, debe advertir algo: este disco, de entrada, parece sumamente soso, aburrido y pesado. Pero como ocurre con las grandes obras, tras escucharlo más y más, se devela como lo que realmente es: la (probable) obra cumbre de uno de los grandes genios musicales del siglo XXI. Sufjan utilizó este disco para sanar las heridas abiertas de la complicada relación con su madre, quien fallecería durante el 2012. El álbum más personal de un hombre de por sí espiritual, no sólo es capaz de sanar sus propias heridas, sino que a través de su quehacer, alivia las ajenas. Al final, de eso se trata el arte.

 

Blur – The Magic Whip

 

En la adolescencia, resultaba muy común pelear con tus mejores amigos o amigas. Cualquiera que fuera la razón, parecía una diferencia irreconciliable, una manera de concebir al mundo que choca una con la otra. El dolor de esas peleas resultaba profundo: uno creía que lo roto, jamás volvería a pegarse. Sin embargo, cuando crecemos, nos damos cuenta que por eso hacemos amistad con ciertas personas: a pesar de las grandes diferencias, somos capaces de crear algo nuevo en conjunto. Esa es la historia de Damon y Graham, dos amigos que se separaron y que, una vez muerto el ego y el odio, se juntaron para hacer un disco impresionante, a la altura de su leyenda. Un imprescindible para entender la música no sólo de este año, sino de la década que vivimos.

 

Tame Impala – Currents

 

Una confesión: Tame Impala, con todo y la polémica de Pablito Ruiz incluida, me parecía una banda del montón, el clásico hype momentáneo, la enésima “nueva mejor banda del universo”, etc. Cuando los prejuicios quedaron a un lado, Kevin Parker y compañía me cachetearon el guante más blanco del mundo: el talento. Currents está destinado a convertirse en el disco que encumbre a una banda que abandonará el mote de promesa y se volverá una realidad, un referente de su generación, un punto de inflexión para la segunda década del siglo XXI. Si bien su sonido no puede ser catalogado como original, sí son la punta de lanza de una forma de concebir la psicodelia sin que tenga un tufo a viejo, sino que incluso alcance toques de vanguardia. Lo que viene para Tame Impala es la conquista del futuro, pues el presente ya lo tienen: este podría ser fácilmente el disco del año.

 

BONUS

Courtney Barnett – Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit

 

¿La versión femenina de Mac DeMarco? Los elementos están ahí: la estética grunge de los noventa, la psicodelia de los sesenta-setenta, el desenfado, el humor y la aparición esporádica de la tristeza en ese hermoso tema llamado “Depreston”. Un disco que, por momentos, rebasa a la obra del hombre de los dientes separados. Una joya.

 

Jamie XX – In Colour

 

Si bien lo de Jamie XX es hacer música menos arriesgada y, de cierta manera, hasta convencional, la manufactura brillante de este disco lo colocará en todas las listas del mundo al final del año: temas que lo mismo se pueden bailar que tener como música de fondo, pero que atrapan y envuelven al escucha. Si no se cree, sólo hay que hacer el siguiente ejercicio: poner el primer track, “Gosh”, en una reunión, fiesta y hasta en la oficina, para ver como la gente a tu alrededor, inevitablemente, preguntará de quién se trata. Eso es saber hacer canciones.