A través del Laberinto: La obra de Ernesto Ríos

El laberinto ha sido fuente inagotable de inspiración para diferentes creadores a través del tiempo, basando muchas de sus obras en este símbolo universal con más de cuatro mil quinientos años de historia. Cientos de obras laberínticas hacen mención o sugieren la complejidad y profundidad a la que se enfrentaron sus creadores, mismos que se vieron inmersos en el frenesí del laberinto.

 

 Imagen proporcionada por el artista

 

Las Creaciones Laberínticas de Ernesto Ríos

El arte actual da cabida a nuevas maneras de ver y entender las formas que nos rodean. Vivimos en un mundo en donde lo físico converge con lo digital; lo cual brinda la posibilidad a los creadores de manifestarse con obras artísticas que resultan fascinantes retos conceptuales y técnicos sustentados por una temática de gran fuerza, tales son los mostrados en la obra del artista multidisciplinario Ernesto Ríos. Cuyo trabajo sobresale por la versatilidad de formas, medios y al mismo tiempo, por su subjetividad interpretativa.

 

 Imagen proporcionada por el artista

 

Los laberintos de Ríos exploran diversos aspectos espaciales, a través de la geometría, las yuxtaposiciones y fusiones que conllevan a un proceso de síntesis y fusión de elementos que integran formas originales, lógica y nuevas tecnologías aplicadas. En ellos logra plasmar la frescura de las perspectivas que el ojo humano distingue, profundiza e individualiza mediante la extensión de los conceptos resultados de su dedicación e innovación, mismas que se han desarrollado fruto de años de investigación metodológica en combinación con el ingenio de un artista contemporáneo.

 

 Imagen proporcionada por el artista 

 

Sus obras invitan a reflexionar sobre la representación del espacio y el tiempo y su posible manipulación, como se aprecia en su obra interactiva y multisensorial “Sand-Clock” en donde recrea la esencia de los laberintos capturando nuestro interés en varias ondas de tiempo, en formas que se expanden como tiempo líquido.

En las obras de Ríos cohabitan los rasgos y la esencia que caracterizan al laberinto: la belleza matemática y geométrica y la complejidad, dirigiéndonos mentalmente a una contemplación artística, pero sobre todo guiándonos hacia nuestro propio centro.