Capote y sus personajes

Recordemos a uno de los autores que con sus letras ha sacudido audiencias difíciles de impresionar. Probablemente muchos de nosotros nos hemos sentido identificados con la frase de una canción, la línea de una obra o la frase un artista, quienes desde su punto de vista, se dirigen a miles (tal vez millones) de voces, mismas que transgreden el tiempo para transformarse en íconos o ejemplos de muchas generaciones, algo ligeramente similar ocurrió con personajes creados por Truman Capote, como la emblemática Holly Golightly en Desayuno en Tiffany’s.

 

Bajo la dirección de Blake Edwards (también conocido por dar vida a La pantera rosa), Audrey Hepburn se enfundó en el clásico vestido negro de Givenchy para representar a una mujer frustrada por su pasado y decidida a conquistar el mundo desde un apartamento, que ocasionalmente comparte con un minino al que llama afectuosamente “gato”.

 

Ella le enseñó a más de una mujer a creer en su voz, a probarse que no es necesario tener a un hombre para estar completa (a excepción del hombre correcto), a creer un poco más en nuestros instintos que en nuestros sentimientos. Si bien algunos chocan con la Holly que representa Capote en su libro a la que fue llevada a la pantalla grande, ambas logran con éxito una cosa: encantar, mostrando un espíritu rebelde dispuesto a adaptarse a la velocidad de este mundo.

 

La condenación de la lírica

 

Como bien lo dijo Capote, nunca puedes culpar a un escritor por lo que dicen sus personajes, algo así ocurrió en Música para camaleones, Un cuento de navidad o A sangre fría, la historia que abrió paso a un nuevo género literario referido como “non fiction novel”, pues se deslizaba cuidadosamente entre la documentación y la ficción, retratando uno de los más terribles miedos de la cultura estadounidense: no es suficiente ser buenas personas, tener una vida ideal, ni vivir en un sitio tranquilo para gozar de paz, pues el miedo que acecha detrás de la puerta, puede acabar con tu vida y con la tu familia por unos cuántos dólares: en ocasiones, eso es lo que vale la tranquilidad, como lo fue la vida de los Cuttler, el día que fueron encontrados muertos en su propio hogar el 15 de noviembre de 1959.

 

El autor expone de manera magistral la vida de esta típica familia frente a los valores de sus dos asesinos: Dick Hickcock y Perry Smith, lo que nunca imaginó fue percibir como una sociedad que se definía a sí misma por la violencia con la que lidia, y como ésta, sin desearlo, la genera; pues ¿qué es un ladrón que no conoce nada más que la mala suerte de oficio?, ¿ dónde queda el espacio para gestar una moral cuando sólo se conoce la miseria y el advenimiento de los buitres?

 

Capote nos enseñó la independencia de una mujer ilusa, nos recordó el amor de la navidad o lo salvaje de la naturaleza humana, por lo que no es de extrañar que junto a autores como Scott Fitzgerald, su amiga Harper Lee, Edgar Allan Poe, William Faulkner y muchos otros, sea considerado uno de los grandes maestros de la literatura americana.