El mundo de P.T Anderson

P.T. Anderson forma parte de una camada de directores que surgieron en los noventa con propuestas diferentes que rápidamente llenaron el circuito de festivales. A pesar de haber dirigido solamente cinco películas en los últimos 15 años, se ha levantado como uno de los directores más aclamados de nuestros tiempos.

Con apenas 27 años, escribió y dirigió Boogie Nights, la cual recibiría los aplausos de la crítica y le permitiría posteriormente desarrollar su carrera sin tener que comprometer su visión artística. En ella nos cuenta la historia de Dirk Diggler un adolescente que, después de conocer a un famoso director de películas pornográficas, rápidamente se convierte en estrella en una industria de ingenuos que se consideran verdaderos artistas al nivel de sus vecinos de Hollywood.

A pesar de esto, el sueño se desmorona rápidamente en una espiral de egos, drogas, y decadencia de la cual todos intentan escapar mediante cualquier medio que tengan a su alcance. Este caos y angustia es una constante que veremos en el resto de la obra del director.

Con su siguiente película, Magnolia, P.T Anderson nos cuenta la historia de varios personajes sin ninguna relación aparente: Frank, un exitoso gurú de un cuestionable programa de autoayuda; Earl, un productor de televisión quien en su lecho de muerte quiere reencontrarse con el hijo a quien abandonó años atrás; Jim, un inepto policía quien intenta seducir a Claudia después de acudir a su casa por una queja de violencia domestica; y Jimmy, el conductor de un famoso programa de televisión que tiene cáncer terminal.

A lo largo de la cinta vemos cómo todas estas historias se entrelazan extrañamente alrededor del programa de Jimmy, y vamos descubriendo un trasfondo aun mas deprimente que incluye abandono familiar, abuso de menores, de sustancias, y muerte. La película termina con una inexplicable lluvia de ranas que de alguna manera libera a todos los involucrados de esa carga que llevan a cuestas y nos da a entender que al final las cosas de una manera u otra pueden mejorar.

A Magnolia le siguió Punch Drunk Love, la historia del no muy afortunado Barry, interpretado por Adam Sandler. El protagonista se ve involucrado en un episodio de extorsión por parte de la operadora de una sex line, mientras pretende conquistar a Lena y se intenta aprovechar de un error en una promoción de budín para acumular una exorbitante cantidad de millas aéreas.

Esta película marca un parteaguas en la carrera del director, ya que a pesar de guardar más semejanza con la primera mitad de su carrera, comienza a utilizar elementos que explotará mas adelante, como el uso de la banda sonora para crear ambientes y una cinematografía mucho mas contemplativa.

There Will Be Blood y The Master muestran una nueva faceta del director, en la cual se aleja de estos dramas con toques de acción y comedia de sus inicios, y se acerca a películas mucho mas serias y profundas.

En la primera nos cuenta la historia de Daniel Plainview, un emprendedor en busca de fortuna a finales del siglo XIX y quien no se detendrá por nada hasta conseguir ser el magnate del petróleo que tanto desea, mientras inicia una guerra de poder contra Eli Sunday, el joven pastor de la comunidad.

En la segunda, basada en los primeros años de la cienciología, conocemos a Freddie Quell un alcohólico veterano incapaz de adaptarse a la vida después de la guerra, y Lancaster Dodd, el líder de un movimiento filosófico llamado La Causa, quien fascinado por el traumático pasado de Freddie lo convierte en su proyecto personal, convencido de que podrá salvarlo a través de su filosofía. No hace falta decir que esto sólo trae consecuencias devastadoras en su vida y la de su familia. 

En esta etapa Anderson nos muestra cintas con un paso más aletargado en donde el foco no se centra en la historia en sí, sino en las emociones que cada escena genera en el espectador.

Como hilo conductor, hay una constante que mantiene: el caos y decadencia que rodea a todos sus personajes. Es aquí donde al comparar obras que tocan temas tan diferentes, parecen juntarse en un terreno común, donde sin importar si está hablando del ascenso de la industria pornográfica de los setenta o el éxito del petróleo en California al inicio del siglo XX, sus películas siempre nos muestran la caída de sus personajes a un mundo de perdición del cual pareciera nunca lograrán salir. Irónicamente, al final la mayoría de ellos logran una especie de redención, al menos a los ojos del protagonista, ya sea el regreso de Dirk a la industria, Barry encontrando el amor después de todos su infortunio o incluso Daniel Plainview, quien al final recupera su orgullo y logra vencer a su eterno enemigo Eli, aunque esto signifique asesinarlo a sangre fría.

Con su nueva película Inherent Vice podemos esperar un regreso a sus inicios, con una cinta un poco más relajada, pero no por ello menos intensa. Se esperan tintes de sus antecedentes ya establecidos y que sus protagonistas sigan la línea de la espiral de decadencia y triunfo.