"Cuando uno trata de olvidar no escribe," es una de tantas frases que han marcado mi vida.

Columna: La arquitectura de una identidad

De memorias cinematográficas a palabras y emociones, una columna de Alejandro. 

 

"Cuando uno trata de olvidar no escribe," es una de tantas frases que han marcado mi vida. Ésa la escuché en una película de Almodóvar sobre amor y obsesión, sobre deseo enfermo y aferrarse al pasado. La Ley del Deseo termina en tragedia después de que el protagonista se da cuenta de lo que perdió, en ese aspecto yo he perdido muchas cosas, entre ellas algunas partes de mi identidad, algunas motivaciones, algunos defectos o cualidades, dependiendo de quien las describe, pero sobre todo hay cosas que perdí por voluntad propia, que como mecanismo de defensa mi mente enterró o negó su existencia: mis recuerdos. Estoy hablando de los recuerdos que me pesaban más, recuerdos sobre los sucesos que me hicieron estallar, que me hicieron sentir frágil pero primitivo a la vez, algunos de felicidad y placer donde elegí ser dador y receptor de ambos, otros donde parecía vivir un calvario y sentir que sus estaciones no terminarían. Sobreviví, eso si, aunque no del todo pues aquí me tienen buscando algunas respuestas, invocando algunos recuerdos que estoy precisamente empujando al frente de mi memoria. Demasiada información, demasiada historia, demasiado tiempo ha pasado sin recordar lo perdido o si en verdad le debo a alguien mi salud, mi felicidad o desolación, mi orgullo o vanidad, mi inspiración, mi motivación. Tratando de escribir para recordar. Tratando de revivir algunas pequeñas muertes, aunque no sean unas petite mort.

Reconozco cincelados las caras en las paredes de mi memoria de quienes han estado presente en mis momentos altos y bajos, efigie de mi estupidez, debilidades, delirios, placeres, ambiciones, logros y fracasos. Revivo los momentos cuando dije "¡fuck it!", cuando le di más valor al placer o a la seducción del aquí y ahora, esos instantes donde uno busca sentir de nuevo la adrenalina a raudales y llegar a la ilusión de la invencibilidad, galopando a una velocidad imposible hacia mi destrucción, sintiendo como la condenada brisa va golpeando mi cara todo el camino sin pensar que tan lejos van a llegar las consecuencias, destruyendo el cuerpo sin saber si sanaría el alma.

Pienso en promesas que hice y no cumplí, en como tuve falta de responsabilidad por ellas y las fui marginado en el gueto de mi mente, las palabras que dije como gestos vacíos y los gestos de cariño que llegue a dar, algunos sin que significaran algo y otras que significaban más de lo que admitiré.

Después de todo esto puede ser difícil no tener una perspectiva cínica acerca de las relaciones, teniendo una forma idealizada de como se debe ser adulto de una manera estoica, desapegada, indiferente, pero al final solo parecer infantil o inmaduro, temeroso de expresarme emocionalmente, abandonando toda lógica y sometiéndome a la experiencia, lo que me impedía madurar.

Al tratar de redefinir mi identidad me pregunto si hay alguna garantía de seguir siendo yo mismo, pero ¿por qué desearía seguir siendo el mismo? Si todo cambia en un ambiente dinámico, se puede decir lo mismo de mi identidad, que al igual a los espacios físicos, son construidas; nuestros movimientos, actividades y vidas se limitan a la forma en que el espacio está formado. Lo mismo se puede decir de los espacios en mi identidad, mis memorias, formadas por el virtuoso vicio de las decisiones que he tomado, explorando mis ansiedades, frustraciones y confusiones sexuales, pero

se trata más de los deseos de estas cosas, de como la adultez no representa nada, donde la edad y la sabiduría no siempre son sinónimas; aprendiendo sobre la madurez y las emociones incrementalmente complejas y las responsabilidades que conllevan.

Estrechar la identidad construida por el espacio de mis memorias y tener la fuerza de mantenerme genuino a mi persona en medio de un mundo loco en donde nadie sabe que demonios está haciendo y el esfuerzo para mantenerlo es lo que me limitaba. Yo he creado mi identidad en la forma que las dinámicas de nosotros y las memorias son una misma y mientras no puedo definir mi memoria, mi memoria me define a mi.