Primeras Páginas.

Cuentos chiquitos que de grandes quieren ser novelas.

Por siempre campeón.

Si buscas un final feliz, busca en otro lado. Si necesitas una historia inspiradora, frena y date vuelta en “u”, porque aquí no hay nada de eso.

 Esta es una historia de deportivismo, de revancha, de nunca rendirse. Es la historia de cómo hacer lo que es correcto y tener una vida digna de póster motivacional y aún así no ganar nada.

No, tampoco es una de esas historias con un final triste pero una gran moraleja. Ojalá fuera así, pero a nuestro pobre personaje le tocó bailar con la más fea. Ahora que todo está claro, allá tú si sigues leyendo.

 Leonardo Ramírez lleva 4 años debajo del cuadrilátero. Tuvo grandes momentos en la categoría welter, pero terminó retirándose después de perder por paliza (KO fulminante en el 4o round que lo dejó inconsciente por 7 minutos) contra Juan del Corral.

Lo tuvo todo: fama internacional, una fortuna envidiable, lujos, casas, viajes, autos y yates. El mundo estaba a sus pies, ganaba millones por pelea y no tenía que gastárselos para vivir porque sus patrocinadores le daban todo lo que quisiera.

Uno pensaría que 4 años son poco para perder tanto, pero en “años boxeador” es toda una vida. El caso es que Leonardo se retiró del boxeo y se dedicó a hacer absolutamente nada. Se despertaba tarde y se tiraba en la alberca a tomar “martiniritas” (luego hablamos de esto) o mojitos frappé toda la mañana. En la noche salía a cualquier antro para tratar de llevarse a alguna chavita (o dos) a un motel que había comprado 3 años antes.

A los 6 meses de retirado ya pesaba 94 kilos y su esposa empezaba a sospechar de sus escapadas nocturnas. A los 4 años ya pesaba 119 kilos, había perdido el 50% de lo que le quedaba en el divorcio y tenía su colección de autos empeñada para pagar abogados para sus pleitos (los del divorcio y los de varias chavitas embarazadas).

La solución: ganar dinero de a millones volviendo a pelear. El problema: los 119 kilos, la edad, el tiempo en el retiro, el abandono de los promotores y patrocinadores. “Ni le hace, sí puedo”, pensó mientras abría la puerta de su empolvado gimnasio.

El objetivo final: la revancha por el campeonato. Aquí empieza el tortuoso camino de un ex campeón caído en la desgracia, fuera de forma y sin dinero ni para comprar a los jueces. Su primera pelea de regreso, una paliza contra un chavito de 21 años con récord de 1-0-1. La paliza fue para Leonardo, por cierto.

Este es solo el inicio de la espiral descendente. Si te gustan los finales felices, todavía estás a tiempo de dejar de leer...