Reseñas: Just Kids de Patti Smith

La juventud es una etapa en la que quieres hacer de todo pero aún no eres experta en nada. Ha llegado el momento de trabajar para materializar a esa persona en la que siempre soñaste ser cuando fueras grande. Enumeras las capacidades con las que cuentas para lograrlo y descubres cualidades que te abrirán puertas y te llevarán hacia otros rumbos que no tenías muy claros. En el camino conoces personas afines que complementan tu creatividad, que colaboran en tu proceso auto-explorativo, que te ayudan a definir gustos básicos como un pasatiempo y otros un tanto más complejos del tipo sexual, todo a través de su existencia y convivencia.

Las entiendo como relaciones creativas, relaciones que motivan y enamoran y que si se hacen lo suficientemente fuertes pueden hacer de alguien tu mejor amigo, compañero de proyectos y de vida. 

Just Kids me llevó justo a ese momento en la vida de Patti Smith con Robert Mapplethorpe. Ella pretendiendo mantener su poesía en los libros, él impulsándola a llevarla a los escenarios, que más tarde no serían otros más que los del punk. Ella siendo su musa de la fotografía, logrando una hermosa sesión que un futuro se convertiría en el arte del álbum debut de Smith; “Horses”. Él explorando su sexualidad hasta definirse como homosexual. Ese momento donde eran desconocidos por el mundo, no había fama, mucho menos dinero suficiente para dos tickets de entrada a un museo, compraban uno, decidan quien lo usaría y al salir este le contaba al otro lo que había visto. Todo mientras compartían piso en New York, en el Hotel Chelsea, cuna del desarrollo de otras relaciones creativas, no necesariamente amorosas, de Patti con personajes como Allen Ginsberg y William S. Burroughs.

Casi cuarenta años después Patti Smith recuerda, describe y nos comparte el desarrollo cultural, musical y artístico del New York de finales  de la década de los 60 y principios de los 70. A través de su mirada inocente, entusiasta y enamorada de Mapplethorpe. Hasta el día en que deciden tomar caminos diferentes, sin romper lazos totalmente, y así al fin convertirse cada quien en esos adultos que soñaron ser cuando eran "sólo unos niños”.