De La Prenda Nace El Amor

Taxista, siga ese suéter, esa camisa y otras prendas que nos hablen del amor.

Ilustración por @Perasymanzanas

No existe tal cosa como una prenda de ropa inocente. Si nos adentramos en nuestro clóset cuales Alicias en el País de las Maravillas del Algodón, Rayón y el Poliéster, nos daremos cuenta que nuestra ropa cobra otras formas. Una camisa, por ejemplo, no es solo una prenda de vestir con cuello y botones, sino también el contenedor donde guardamos el abrazo dado por nuestro objeto del deseo; una playera, por otra parte, puede ser el último vestigio de una relación del pasado y un cinturón negro en realidad dice: “Soy cinta negra en lograr que te fijes en mí” (o para alejarte, según sea el caso, ya se sabe que la decepción amorosa nunca pasa de moda). Así que hagamos un tour por el armario sentimental que todos tenemos.

 

el cajón de las prendas que resaltan nuestros sentimientos

Seguramente los iconos pop tampoco pueden escapar de la ropa con doble vista del corazón. En internet se puede encontrar, flotando entre sus miles de imágenes, una foto de Marilyn Monroe posando en la playa donde todo parece estar en el sitio sensual que le corresponde excepto por una cosa: el suéter de lana que usa. Es uno de esos abrigos que le hemos visto usar a ese tío de Pachuca en navidades. La singularidad de la pieza salta de inmediato y nos hace pensar que quizá esa foto devela algo más que el hecho de que a Marilyn le gusten los suéteres de Chincuac. Si creemos que, en efecto, como dicen algunos, el suéter en cuestión fue un regalo de José Bolaños, el amante mexicano que tuvo en la época, la foto no solo sería la prueba de que Marylin fue tan sentimental como nosotros, sino de que también somos capaces de lucir cualquier ropa que provenga del objeto de nuestro deseo como si se tratara de la pieza más seductora que poseemos; no importa si se trata de un vestidito escotado, o de un disfraz de plátano escotado. Existe en todo guardarropa una pieza a la que le hemos guardado un lugar en especial por haber sido regalada, elogiada o directamente robada a quien queremos. La que nos provee de seguridad inmediata en cuanto la usamos. Quisiera pensar que es el mismo caso de Patti Smith en la portada de Horses, e imagino que una de las razones por la cual luce tan desenfadada en ella, además de su desenfado de nacimiento, es porque quizá está usando una camisa de Mappelthorpe, exnovio y autor de la foto.

 

Taxista, siga ese suéter, esa camisa y otras prendas que nos hablen del amor.

 

Marilyn Monroe usando el sweater de José Bolaños. Imagen: Tomada de Tumblr

 

El Perchero de los Grandes Éxitos

El joven Werther, personaje de la novela de Goethe, también intuía el poder de la ropa en las relaciones amorosas. Si él hubiera escuchado a Beyoncé, seguramente tendría entre sus favoritos a “Freakum Dress”, la canción que habla sobre cómo una prenda puede volver loco a alguien. Werther estaba enamorado de una chica llamada Carlota y una vez que perdió toda posibilidad con ella, se vestiría con un traje muy parecido al que usó cuando la conoció. Al usar el traje de nuevo, recreaba el primer encuentro donde aún todo era prometedor. Podemos decir que quizás Werther, romántico o no, necesitaba ayuda profesional, pero todos de alguna manera, más o menos consciente, también hemos usado aquella prenda que teníamos puesta cuando se fijaron en nosotros, como nuestra máquina personal del tiempo.

Cuando lo hacemos, es como si buscáramos la ayuda de nuestro yo del pasado, quien aún goza de un halo de misterio, amanece todos los días con aliento de pasta de dientes y no se ha equivocado terriblemente en la relación, para recordarle al otro cómo y por qué se enamoró de nosotros.

“Cause when he acts wrong (Oh) that’s when you put it on / (Oh) Been on him up tight (Oh) this is your song / (Oh) Hold out your back (Oh) time to impress / (Oh) Werther pull out your freakum dress”. Hablando de estribillos sobre ropa, ya lo dijo Jarvis Cocker en “Pink Glove” pero primero lo dijo Sócrates: nos vestimos para el otro.

 

“You’d better watch what you’re wearing if you want him to come around and see you tonight Ma Ma Ma”.

 

El Estante de las Prendas Desastre

También nos vestimos para parecernos a quien amamos. ¿Quién no se ha comprado ropa mientras la intenta ver a través de los ojos del otro, concentrándose más en sus gustos que en los propios? Este último tipo de ropa tiene que ver con aquellas relaciones que, en retrospectiva, sabíamos desde un principio que no tenían mucho futuro. Así nos damos cuenta de que también tenemos ropa cuya función ha sido la de adornar aquello que sabemos fracasará. Tenemos nuestro propio dresscode para la decepción.

Si nos dedicamos a ver el clóset del alma medio vacío, nos daremos cuenta de que tenemos ropa manchada por relaciones fallidas que la vuelven inservible al menos por un tiempo; no hay pensamiento lógico que logre sacarle esas manchas difíciles de angustia. Hay vestidos que en el fondo, forros y costuras, culpamos de haber sido los responsables de que una relación haya terminado, porque tiene más sentido hacer eso que aceptar que algo sencillamente se acaba. Solemos relegar estas prendas al limbo de nuestro armario, un lugar lleno de cosas que somos tan incapaces de usar como de tirar, no podemos vestirnos sin ellas ni tampoco con ellas. Habrá, entonces, que tener cuidado de que no nos rompan el corazón justo cuando estamos usando uno de nuestros vestidos favoritos. La buena noticia es que esta ropa no se queda para siempre ahí. Precisamente el día en que nos atrevemos a vestirla de nuevo, nos damos cuenta de que hemos superado, cual videojuego de los sentimientos, el mundo de esa relación fallida.

 

 Ilustración por @Perasymanzanas

 

cajón de prendas de punto final

Podríamos decir que en nuestro clóset guardamos toda una colección de chick flicks con títulos como: 10 Cosas que Odio de Ti, Falda Corte A, Cuando mi Blusa Conoció a tu Pantalón o Sleepless en Pijama. Ya sea que las atesoremos o que no seamos capaces de volverlas a ver, todas ellas tienen un significado que habrá que lavar en el ciclo de delicados de nuestro corazón. Y si esto tranquiliza de alguna manera a quien teme encontrar a alguien con el mismo vestido que lleva puesto, no hay copo de nieve fabricado por Inditex idéntico a otro. Aunque parezca imposible, no hay ninguna prenda igual a otra en armarios diferentes; cada una guarda memorias amorosas distintas para todas nosotras.

 

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