Si alguien revolucionó el mundo editoral de la moda, esa es Diana Vreeland.

 

 Texto por Sigrid Mimendi

 

El siglo XX es un referente indiscutible de moda, los cambios que se produjeron y circunstancias que se vivieron marcaron vidas por siempre. Al recordar esos años y pensar en personajes que brillaron, muchos son los nombres que identificamos: Coco Chanel, Audrey Hepburn, Twiggy, Jacqueline Kennedy, Truman Capote, Andy Warol, Manolo Blahnik, Mick Jagger. Si hoy hay memoria para ellos, se debe a una única persona que revolucionó por completo la historia de la moda: Diana Vreeland.

 Vreeland, inventó un cargo: Director Editorial. Y entre sus huellas, logró lo inimaginable: convirtió en modelos a actrices y a las modelos en personalidades, impulsó la carrera de artistas y alentó a otros a explorar su talento.

Nacida como Diana Daziel el 29 de septiembre de 1903 en París, de padre ingles y madre de ascendencia estadunidense, llega al mundo en medio de una época de gran esplendor, la Belle Époque. Aunque para ella su niñez fue marcada por lo comentarios de su madre, quien la hizo sentir acomplejada por las constantes comparaciones que hacia sobre ella y la belleza de su hermana menor, Diana creó riqueza y creó belleza a pesar de que nunca fue ninguna de las dos.

Hasta su matrimonio con el banquero, Thomas Reed Vreeland, Diana logró sentirse bella y creer en el amor a primera vista. Tuvieron dos hijos y una relación que duraría hasta la muerte de él. Viviendo en una larga luna de miel, a finales de la década de 1930 durante una fiesta con su marido, Carmel Snow atisbó un fenómeno en la pista de baile del Hotel St. Regis invitándola de inmediato a trabajar en la redacción de Harper’s Bazaar.

Su columna llamada Why don’t you? fue toda una revolución para la época: era atrevida, audaz y descabellada. Nada mejor describe y resume la personalidad de Diana Vreeland que cada uno de sus divertidos retos:

 ¿Por qué no pintas un mapa del mundo en la habitación de tus hijos para que no crezcan con un punto de vista provinciano?

¿Por qué no conviertes tu viejo abrigo de armiño en una bata de baño?

¿Por qué no pones mermelada de frambuesa en tu té helado?

¿Por qué no lavas el pelo rubio de tu hijo con champagne para mantenerlo dorado como lo hacen en Francia?

Después de 26 años en la redacción de Harper’s Bazaar, en 1962 pasa a Condé Nast convirtiéndose en la directora de Vogue, misma que llegó a termino en 1971 cuando fue despedida por no comprender el cambio de la época, dónde no había cabida para el excentricismo y el lujo.

Durante sus años como editora usó por vez primera la expresión look para referirse a los elementos que conforman un atuendo. También, publicó el primer bikini, que de acuerdo a sus palabras era el mayor invento desde la bomba atómica. Además popularizo los jeans, publicó la primer fotografía presidencial de los Kennedy en Harper’s y de Mick Jagger. Y claro, descubrió talentos, ella le sugirió a Manolo Blanhnik dedicarse a diseñar zapatos.

 


 

“La elegancia real está en la mente. Si la tienes, el resto viene solo."

- Diana Vreeland


 

 

Realzar los defectos, era lo que le fascinaba, no le tenía miedo a ser vulgar sino a ser aburrida, y vivió siempre en el extremo. Realizó los editoriales más costosos con modelos y fotógrafos viajando por el mundo y hospedados en las habitaciones en los mejores hoteles. Entre otras cosas, obligaba a sus asistentes a usar joyería grande para escucharlas cuando se acercaban. Y con una obsesión por el rojo que no dejaba al ojo descansar.

Solo hay una vida buena: la que sabes que deseas y te construyes tú mismo: dijo Vreeland. Terminó sus días como consultora del Costume Institute del Museo Metropolitano y organizó exposiciones que atrajeron una avalancha de visitantes. Ella, como periodista, mantuvo su objetivo de estar presente en acontecimientos y no solo escuchar de ellos.

Su legado vive e impacta el actual mundo editorial. En 2011, se presentó un documental sobre su vida en el Festival de Cine de Venecia, Diana Vreeland: The eye has to travel recopila con nostalgia, las grandes hazañas de una gran mujer.