Donald Draper está muerto

Donald Draper, el remedio común para tu promocionar tu marca.

Si todos tus amigos están dejando muy claro en sus redes que aún no superan el final de Madmen, o si necesitas hablar con alguien sobre lo que pasó este domingo, vengan a llorar/leer a este hombro. Mad Men es un drama que cuenta la historia de Donal Draper/Dick Whitman: Dick suplanta la identidad de su superior (Don) en el ejército para salvar su vida y huir de Korea. Este evento da pie a su conflicto de identidad: ¿Quién es Donal Draper? ¿Dick Whitman? ¿Quién es el verdadero? Esta es la idea original de Madmen, que termina en la primera temporada según su propio creador, Matthew Weiner. ¿Entonces por qué sigue al aire durante 6 temporadas más? Por que vendía bien, ganó muchos Emmys y eso es lo que se hace cuando un show es exitoso, pero la verdadera pregunta es: ¿Cómo le hicieron si el programa ya estaba acabado?

Weiner tuvo que seguir jalando el hilo de la identidad como tema para lograrlo y en el camino se ganó mucho más Emmys y fue ese tema con un enfoque hacia una industria que hace de la identidad un negocio: la publicidad. ¿Qué nos hace elegir cierto producto sobre otro idéntico? ¿Cuál es la verdad detrás de los anuncios publicitarios? “What’s in a name?” se escucha decir a un personaje en el antepenúltimo capítulo de la serie, aclarando que se trata de una cita a Shakespeare, por si fuera necesario. El nombre es la superficie de la identidad y el punto de partida para que Dick Whitman se convierta en otra persona y luego en Donal Draper, la encarnación de la publicidad de la época, al menos. Me explico en los siguientes parrafos.

Describir a Don Draper como si fuera un producto deja más claro el punto de la encarnación: es atractivo y deseado, siempre está vigente, lleno de energía, pertenece a una vida de lujo, tiene un origen honorable y no necesariamente genuino (su fraudulenta historia como veterano de guerra se parece a la que muchas marcas utilizan para legitimarse en el mercado: Ford, Kodak, Volkswagen, etc.) y desde luego la etiqueta del producto, Donald Draper.

Cuando vamos siguiendo la serie nos vamos dando cuenta de las diferentes situaciones a las que el personaje interpretado por John Hamm se enfrenta –la muerte, la traición, la competencia, las mujeres, el trabajo, la política, la crianza de sus hijos, la historia de Estados Unidos antes, durante y después de los 60’s– A pesar de todo, conserva siempre sus cualidades: parece no envejecer, a veces incluso flotar en el paradigma económico y social que lo rodea, con una identidad que es un fraude, ganancias millonarias y una habilidad retórica que es su mejor arma. ¿No es justo así cómo la imagen de varias de las marcas más prestigiosas permanecen ante los cambios que se les presentan?

Desde este enfoque también puede leerse a Donald Draper/DickWhitman: desde sus divorcios, hasta la ropa y las bebidas. Su vigencia es cuidada con el más mínimo detalle hasta que llegamos al final de la serie. Aquí Wiener ya no necesita alargar el tema sino acabarlo; para ello va despojando a Dick Whitman de Donald Draper. Podemos ver esta decadencia cuando Don espera un día entero en la agencia que él fundó sólo para recibir un puesto de principiante. Su imagen empieza a debilitarse. Cuando es absorbido, casi voluntariamente por una agencia global y tiene a su cargo Coca Cola (la reina de las marcas en publicidad) parece que simplemente Don ha llegado al final del camino.

Lo vemos escapar de una junta importante y entonces, cuelga el traje para ir a buscar a una misteriosa amante que “le recuerda a alguien”; una excusa para escapar. Lo vemos desprenderse de su mayor secreto (el asesinato de su superior en Korea) junto a unos borrachos veteranos de guerra; lo vemos regalar su auto en la mitad de la carretera a un joven ladrón con quien se identifica escenas atrás. Donald Draper juega al desconocido, incluso se inventa un nombre nuevo para investigar a su amante en el penúltimo episodio y cuando vuelve a ser Draper, sólo recibe golpes y y termina confesando su crimen.

Poco a poco vemos una creciente transparencia, una apertura sobre su nombre con su hija Sally con la naturalidad de quien ya se ha desprendido de la etiqueta; como si una marca de chocolates te dijera que no usa chocolate de verdad. Donal Draper va desapareciendo frente a nuestros ojos y ni siquiera sabemos si lo que queda es Dick Whitman. La caja, la bolsa, la botella de “Donald Draper, el remedio común para tu marca" parece haberse acabado.

Entonces viene este último episodio a seguir sobre esa línea y atar cabos alrededor de otros personajes de manera casi irrelevante; pero lo importante es que todo lo que vemos en relación al personaje de John Hamm está enfocado en su vida como Dick Whitman; el auto, su “sobrina”, los sucesos de los capítulos anteriores. Donald Draper está muerto y se despide de Peggy Olson. Escenas después Dick Whitman tiene una epifanía frente a un campamento de superación personal y vemos el famoso comercial de Coca-Cola, donde el producto ya no está al centro sino su relación con las personas a su alrededor. Los tiempos han cambiado; los “remedios comunes”, los copies tradicionales han perdido su efectividad. Esta es la era de Dick Whitman.