El lado oscuro del rock

¿Acaso es el rock un género que, contrario a sus ideales primarios, se ha vuelto menos incluyente?

“La culpa de todo la tiene Yoko Ono” – Def Con Dos

Uno de los mitos más grandes en la historia del rock es aquel que señala a la compositora, cantante, artista visual y poetisa Yoko Ono, como la culpable de haber separado a, si no la mejor, sí la banda más importante de la historia: The Beatles. Muchos fanáticos irredentos señalan a la japonesa como la villana del cuento, aquella que se llevó a John Lennon a un lado oscuro, por lo cual abandonó paulatinamente al cuarteto. No importa si los Beatles ya se tenían hartos el uno del otro, si peleaban constantemente en la recta final de su carrera, si cada uno perseguía intereses como individuos que los alejaban de la cohesión, etc. No, siempre se ha señalado a Yoko como la única responsable del desmantelamiento de los de Liverpool. Alguna vez un escritor propuso un ejercicio de la imaginación: pensemos que Yoko no hubiera sido japonesa, chaparrita, de espíritu medio hosco, es decir, ajena a los cánones occidentales de belleza. Pensemos que Yoko era una rubia alta, guapa, extrovertida, simpática. ¿Qué habría hecho el mundo entonces? ¿Señalarla furiosamente? El crítico musical apostaba todas sus fichas a que, seguramente, otro gallo nos cantaría en ese sentido, pues esta Yoko imaginaria habría recibido hasta felicitaciones por alejar a Lennon de una banda que cada vez lo constreñía más creativamente. ¿Esto nos refleja algo? Claro: que el rock, en sus más oscuras entrañas, sigue reproduciendo actitudes y experiencias que, en teoría, le deberían ser ajenas, como aquellas de la exclusión, la misoginia y hasta cierto racismo.

 

 

¿Qué se habría pensado si Yoko fuera diferente?  Foto: Tumblr

 

Hace unos meses se creó una petición por internet para que Kanye West no tocara en Glastonbury, la cual ha alcanzado la cifra de 113, 842 firmas. ¿La razón para que no toque? Poner una banda que toque “verdadero” rock. No es nada complicado encontrar la línea existente entre el pensamiento que censura a West y el que culpa a Ono, cuando lo único que han hecho ambos personajes es llevar a cabo diversas manifestaciones del arte. ¿Debemos, entonces, señalar al rock como un género misógino y racista? La respuesta luce complicada, pues de afirmar lo que se dice, caeríamos en una generalización, puesto que existen diversos artistas que han roto barreras paradigmáticas dentro del gran ritmo. Negar la sentencia también resultaría similar a ponernos una venda en los ojos ante las pruebas evidentes. Por décadas, las mujeres han estado relegadas en cualquier ámbito de lo social, ya sea en lo laboral o en sus derechos humanos básicos, y el rock no ha hecho más que reproducir esas conductas. El sociólogo y crítico musical británico Simon Frith, logró categorizar lo que él entiende como “cock rock”:

 

Una ramificación del rock (generalmente pesado) que “reproduce un imaginario de formas explícitas, rudas y perfeccionadas del poder sexual masculino sobre el femenino. Los artistas pertenecientes a este sub-género suelen presentarse como seres agresivos, salvajes y poderosos. Sus cuerpos son parte del espectáculo… utilizan micrófonos o guitarras como símbolos fálicos, o bien, como sustitutos del cuerpo femenino”. La cúspide del “cock rock” llegó con el glam metal interpretado por bandas como Motley Crue, Ratt, Guns n Roses, etc.
 
 

Kanye West por Steven Klein

 

Estos grupos se vanagloriaban de su poder sexual, de su fuerza masculina y su capacidad para someter, vía la violencia, a cualquier otro hombre. Además, ha sido acusado muchas veces de promover ciertos valores que marginan a otros géneros o razas: lo suyo es all-white, sin oportunidad de acercarse a ritmos “impuros” o que no tengan nada que ver con guitarras eléctricas, bajos y baterías. 

 

Björk, la cantante, compositora y actriz islandesa, ha logrado abrirse paso en el universo del rock aunque su música no se apegue a los cánones establecidos anteriormente, sino que hace usos de otros recursos como la electrónica y la música de cámara. Al sacar su más reciente material a principios de este año, develó una de las facetas del rock que nadie quiere ver: la de la misoginia. Ella se encargó de producir, componer y arreglar su material llamado Vulnicura. Sin embargo, todo el periodismo de rock le ha preguntado qué sintió al contar con como productores a artistas como Arca o The Haxan Cloak. Ella ha tenido que rebatir el hecho de que se dé por sentado que los ya mencionados produjeron el disco, pues sólo fungieron como una especie de arreglistas menores. La islandesa ha dicho que no quiere demeritar el trabajo de sus compañeros, pero que también está cansada de que, como mujer, siempre tenga que reafirmar una y otra vez que se encarga de todo lo realizado en su música desde que empezó su carrera, no obstante haya colaborado con varios artistas masculinos sumamente importantes o prestigiosos. Ella ha dicho que la lucha de las mujeres, consiste en tener que validarse una y otra vez ante un sistema de pensamiento que no las cree capaces o que bien, piensa que para lo único que sirven es para propósitos sexuales/atractivos para el género masculino.

 

Björk, foto: Pinterest

 

En ese sentido, fue polémica la sátira realizada por la cantante británica Lilly Allen, quien parodió en un vídeo de su más reciente producción a artistas como Nicki MinajRihanna, al considerar que ellas sobre explotan su cuerpo en aras de obtener mayores ganancias, con lo cual la música se queda a un lado. El mismo Simon Frith ha dicho que el “cock rock” no sólo ha sido perpetuado por hombres, sino que también un grupo de mujeres ha reproducido estas conductas. No obstante, la broma de Allen tuvo un giro impensado: se le acusó de sólo atacar a mujeres cantantes afroamericanas, de ridiculizar sus cuerpos y no hacer un señalamiento generalizado de la conducta que le parecía reprobable, es decir, que sesgó su crítica a gente no perteneciente a su raza.

A estas alturas, muchos lectores podrían pensar que los señalamientos son ultrasensibles y que estamos pecando de corrección política, pero el hecho contundente es que, tal vez de manera inconsciente, se siguen reproduciendo patrones de aislamiento en un género que se presume incluyente y humano. ¿Por qué la alegoría del sometimiento sexual del cuerpo femenino? ¿Por qué cuando una mujer canta lo opuesto, es adjetivada como “fácil” o “loca”? ¿Por qué siguen existiendo cosas como el vetar a un artista afroamericano por no tocar "rock”? ¿Por qué sólo se señala a una parte de la comunidad artística dada su raza? ¿Por qué seguimos pensando en el “rock de chicas” o las “bandas de chicas” cuando simplemente son personas haciendo rock o el género que más quieran? ¿Por qué se limita todo a una especie de apartheid? Las respuestas son complejas y dolorosas, pues nos muestran una faceta del rock que nos negamos a ver. La misma Yoko Ono, en compañía de Lennon, compuso una canción incluida en el álbum Some Times in New York City del británico, llamada “Woman is the Nigger of the World”. La frase de Ono resume todos los vicios raciales y de género que tiene el mundo…y por ende, el rock. Pensemos en ello.