confesión de una escritora de moda

Parte de mi trabajo es leer. Los últimos dos o tres meses, importantes publicaciones de moda se han dedicado a dar consejos para todo aquel que desee entrar al mundo editorial. En pocas palabras, a todo el que quedó fascinado por The Devil Wears Prada y decidió explorar éste mundo tan peculiar.

He leído artículos desde “Reglas para convertirte en un intern de moda,” “Guía para obtener un trabajo editorial,” “10 consejos de los reporteros de Fashion Week,” hasta “Cómo vestirse para una entrevista con Anna Wintour.” Todo contenido es cierto, sin embargo todos ocultan una gran realidad: a nadie le pagan como a Carrie Bradshaw.

Es más, desde que Sex & the City creó la imágen de una columnista capaz de comprar unos Manolo Blahnik, muchos se han ido a ciegas por las promesas del glamour y lo que no se ve detrás de cámaras o las mismas páginas.

Nadie nos platica que ser redactor es un trabajo mal remunerado, ni la constante lucha contra bloqueos mentales para crear contenido, ni los desvelos en cada cierre, correr en los aeropuertos para los viajes donde se crean notas de reseñas, el multitasking: un día eres redactor, otro editor, otro maquillista, otro modelo... la lista crece, ¿pero los ingresos?

No voy a mentir, amo lo que hago y sé que es un problema del primer mundo, pero tuve que empezar por hacer sacrificios por que en todos lados piden experiencia, y al mismo tiempo me preguntaba, “¿cómo lograrlo si nadie me ofrece la oportunidad?”

Es ley de vida ofrendar tiempo y esfuerzo por nuestros sueños, y lamentablemente, el trabajar con gente tan talentosa y apasionada, tiene un precio muy alto. El otro lado de la moneda es muy gratificante, eso es cierto. El maquillaje, los conciertos y los viajes, calman las aguas. Pero al menos en mi caso, el premio mayor ha sido el conocer gente muy abierta, amable, divertida, visionaria, con ganas de hacer más y ver crecer profesionalmente a los que estamos aferrados al editorialismo. Al final del día, todo es networking.

¿Mi consejo? El día que decidí presentarme como escritora - cuando realmente no lo era-, todo cambió. Dedíquense a hacer lo que los haga feliz y no pierdan el tiempo. Es muy simple. La recompensa por su trabajo llegará eventualmente si se suben al tren de la paciencia.