¿Las Feministas Pueden Operarse la Nariz?

Annie Powers

He sido feminista por años. Y he querido operarme la nariz por mucho más tiempo. Estuve pensando en hacerme una rinoplastia (el término médico) por más de una década. Recuerdo mencionárselo mi mamá cuando yo estaba en la secundaria, justo después de que un doctor me confirmara que tenía el tabique desviado, lo cual significaba que una de mis fosas nasales era más estrecha que la otra, obstruyendo ligeramente mi capacidad respiratoria.

Mi madre hermosa me heredó su pronunciada nariz – su pronunciado y ligeramente encorvado puente con una punta protuberante. Regularmente, mi disgusto por ésta parte de mi cara no era tan alarmante en mi mente, pero de alguna manera ahí estaba, no tan lejos de la superficie, saliendo a flote cuando alguien me tomó una fotografía desde cierto ángulo mientras yo reía y me veía en un espejo, viéndo cómo mi nariz se asomaba más de lo normal.

Al mismo tiempo, empecé a desarrollar una actitud feminista en la universidad. Asumo que fue por la mezcla de las materias que estaba llevando, el oleaje del Feminismo en el Internet a mediados de los 2000's, y una creciente atención a la política que rodea a la mujer en el mundo acual, fuera de las tendencias de las adolescentes ególatras. Descubrí Riot Grrrl y a Sleater-Kinney. Adopté mi autonomía corporal y creé conciencia sobre cómo mucha gente (en su mayoría hombres blancos mayores) en el mundo está tratando de tomar decisiones sobre mis derechos, mi cuerpo y mi futuro – decisiones que deberían de ser exclusivamente mías.

En Enero de 2014, después de darle muchas vueltas en mi cabeza y estando ya fuera de la universidad por varios años, decidí dar el paso de buscar la cirugía. Mi sueldo y mis ahoros eran muy modestos, tramité el procedimiento junto con mi seguro, ahorré como loca por los siguentes meses, saqué una tarjeta de crédito por un año de meses sin intereses e hice mi cita.

Agendé la consulta con un cirujano recomendado por la mamá de un amigo que ya había pasado por el mismo proceso y que estaba muy satisfecha con su resultado. El doctor me recibió con una calurosa sonrisa, me sentó en una silla, la ajustó, dirigió una luz brillante hacia mi rostro como lo hace un dentista, y examinó a fondo mi cara. Dijo que mi tabique estaba desviado, mencionó muchas cosas sobre mi dorso y puente nasal, y dijo que lo podía arreglar. Hice una cita para el otoño.

Para cuando comenzó el otoño, fue un sacrificio pagar los más de $5,000 dólares de la cirugía, pero pude hacerlo yo sola, y eso me hizo sentir muy bien. Me sentí poderosa y en control de la situación. Me sentí segura. Terminé haciéndome una septoplastia, que era un procedimiento no cosmético, porque solamente abrió mis vías respiratorias (y aparte estaba parcialmente cubierta por el seguro) y una rinoplastia simultáneamente, la cual alisó y adelgazó mi nariz por fuera.

Aunque nunca tuve dudas sobre hacerme la cirugía, sabía que algunas personas pensarían que el proceso detrás de operarme la nariz no va con el hecho de que yo sea feminista. ¿Cómo reclamar que soy feminista cuando me sometí a una cirugía plástica? Honestamente, no se me hace muy diferente a ponerme frenos en los dientes para corregirlos.

Llegué a la siguiente conclusión: el Feminismo me hace sentirme fuerte y libre, y puedo expresarme de mí misma como yo quiera siempre y cuando no esté margnializando, lastimando o aprovechándome de los demás. Me ayuda a sentirme en control de mi vida y mis decisiones. Me di cuenta de que mi felicidad y mi salud son lo más importante. Sabía que éste proceso me iba a hacer feliz – no por cómo me vieran los demás, sino por cómo me vería yo.

Podría ver fotos sin enfocarme inmediatamente en el centro de mi cara. No tendría que estar al pendiente de los ángulos de mi cabeza. Sería una cosa menos en mi espacio mental por el resto de mi vida. Me sentiría más libre.

Sé del privilegio y poder inherente que me ayudó a tomar ésta decisión – finaciero y agregados. También sé que no todos entenderán o aceptarán lo que hice, y eso está bien. Prefiero ser feliz y juzgada que infeliz con mi persona sólo por no querer ser identificada como una “pésima feminista.” Nunca me sentí con la necesidad de esconder o negar el hecho de que me había expuesto una cirugía cosmética. No me la pasé publicando fotos en todas mis redes sociales, pero si alguien me preguntaba por qué me veía como si me hubieran golpeadoen la cara, les decía la verdad. No me avergüenza, ni mucho menos.

Mi mamá llegó a la ciudad una noche antes de la cirugía. Manejamos al hospital temprano. Me llevaron a un cuarto donde me quitaron la ropa y me pusieron una intravenosa en la mano. Mi mamá y la enfermera platicaban y yo me senté a esperar a que la droga me hiciera efecto. Luego llegó el momento. Cuidadosamente me llevaron a la sala de operciones y me pidieron que cruzara mis brazos sobre mi pecho. Todo se volvió negro.

Desperté cuatro horas después – atontada, hinchada, y con la cabeza envuelta en cinta, gasas, y vendas. Una enfermera me movió de la cama hacia una silla de ruedas y me ayudó a vestirme. Mi garganta estaba seca y sentía comezón por el tubo respiratorio. Mis párpados estaban hinchados también y me tomó cerca de una hora en recobrar la presión a la normalidad. La enfermera me dio un espejo, pero muy apenas podía ver más allá del enorme vendaje en forma de una gran X que iba desde mis ojos hasta mi barbilla, donde apenas se asomaba la punta rosada de mi nueva nariz. Mis párpados se volvieron cada vez más oscuros y morados en las próximas horas, y de repente tenía los ojos completamente negros.

Existen demasiadas cosas sin sentido que las mujeres adoptamos por los medios de entretenimiento, redes, y la presión de la sociedad que dicta cómo deberíamos vernos y de lo que es considerado como estéticamente hermoso. Yo tomé ésta decisión sabiendo que no despertaría con la nariz “perfecta” o con una nueva confianza que no haya tenido antes. Se trataba de tener el poder de cambiar algo que no me gustaba y tomar la decisión correcta para mi. ¿Me “destagueé” en algunas fotos de mis redes sociales? Claro – pero mi nivel de confianza y aceptación es prácticamente el mismo.

Han pasado cerca de nueve meses desde mi cirugía. No me arrepiento y no podría ser más feliz con mi nueva nariz. Muy apenas me han hecho el comentario, “Hay algo diferente en ti.” El cambio apenas lo noto yo – y eso está bien, por que esa es la razón por la cual lo hice.