Mass Volumen: Punk, ¿qué punk?

 

—¿Por qué llevas esta esvástica?

—Para provocar.

—Pues me has provocado.

El ofendido escupió y lanzó un puñetazo; el mentón que lo recibió era el de uno de los asistentes al concierto de Webeloss, Dementess, Mass Volumen y Taquicardia. Los carteles que decoraban la puerta de la sala Nasti, en Madrid durante esa noche, recordaban con sorna, mediante un paréntesis justo debajo de Taquicardia, el único grupo que no tenía la doble “s” en su nombre, que “estos no son nazis”. Para el gusto de asociaciones antifascistas de Madrid, los organizadores del concierto —por mucho que tuvieran como coartada su adscripción al punk originario y su gusto por la provocación— se pasaron de simpáticos esa noche, con lo que decidieron boicotear el concierto, agredir al público según éste salía, y marcar los límites del humor a golpe de puño americano. Sin que el incidente convertido ya en leyenda tuviera nada que ver, ése fue el último concierto que dieron Mass Volumen, el grupo que con más ahínco y dedicación odió la escena punk española. Pero volvamos al verano de 2003 y empecemos por el principio.

Sergio y Emilio tenían entre 15 y 16 años, una guitarra, una batería y, uno más que el otro, un radio de acción que rayaba el límite de la delincuencia juvenil. Lo impetuoso de la juventud hizo que el segundo, apenas conociendo al primero, se armara de valor para llamarle por teléfono y proponerle (hablando a toda velocidad y durante horas) montar un grupo a la Sex Pistols. El hecho de que la seis cuerdas de Sergio fuera electroacústica no les detuvo: después de unos cuantos ensayos nacían Los Nada, que dieron su primer concierto en la azotea del guitarrista. El labial de la madre de Sergio —que disponía el catering en forma de merienda para las futuras estrellas— sirvió para que éste pintara la cara de Emilio con una esvástica que, mientras daban su primer show, impactaba a los vecinos que subían a tender la ropa y se convertían, de ese modo, en público por accidente del seminal grupo. Llegaron a dos conclusiones: por un lado, que escupir a la gente desde un ático es más punk que llevar mohwak; por el otro, que necesitaban un cantante.

—A ver, ¿qué pasa aquí? ¿No ves que somos punks?

Jorge sostenía una pistola, apuntando hacia unos heroinómanos que querían dar una paliza a Sergio. El arma y la épica frase de Jorge fueron suficientes para que éstos desistieran en su empeño, se disculparan, y marcharan sin saber que el cañón que les apuntaba era el de una pistola de juguete. El incidente, ocurrido una vez consolidado el grupo, sirve muy bien para ilustrar el carácter de peligro-público-en-una-feria que encandiló a Emilio y Sergio a la hora de decidirse por Jorge para formar parte del grupo, pasando éste a convertirse en el cantante de Los Nada. Pero, un momento, ¿esto no era un artículo sobre Mass Volumen? Acabado el primer ensayo con el nuevo cantante, el ahora trío musical fue a una cafetería para hacer brainstorming, apuntando en una hoja posibles nombres susceptibles a convertirse en el definitivo para la banda. Aún no se habían decidido por ninguno cuando la mesera les llevó la cuenta. Ellos, a cambio, le ofrecieron su lista para, a ojos cerrados, ser bautizados con el nombre que la mesera considerara más idóneo. Ella, sin mirar siquiera la hoja, sentenció: “¡Claro! ¡Más Volumen! Un grupo de punk debe tener un nombre compuesto, dejen de discutir”. Una “s” más y un acento menos después —que iría cambiando a cada maqueta y a cada cartel de concierto—, nacían Mass Volumen.

Habiendo pasado ya por la pila bautismal, Mass Volumen siguieron ensayando hasta tener suficientes temas con los que publicar su primera demo. Grababan en una laptop en casa de los padres de Sergio, Los Patéticos Mozos de Cabanillas incluía temas como “Niños”, donde volcaban el odio acumulado durante su infancia como marginados escolares, o “Por qué no tendrán, que rezaba: “Por qué no tendrán el Mein Kampf en la Biblioteca Nacional, si tienen a Harry Potter, si tienen a Stephen King, ¿por qué no me dan ese libro? Así seré un chico feliz”. Antes de que el padre de Sergio los echara de casa por estar harto de todos ellos, consiguieron tener algo parecido a una primera referencia para poder mostrar al mundo, quedándoles algo de tiempo durante la producción de la misma para hacer alguna que otra escapada —inspiradora y nocturna— al cementerio local. Las tumbas y nichos dieron paso, ya con la maqueta bajo el brazo, a otro tipo de escenarios: Emilio propuso ir a una de las zonas más marginadas de la ciudad, conocida como Las Barranquillas, para que una gitana les leyera el futuro de la banda. Una vez allí, y con toda la vecindad ignorándolos viendo que no estaban interesados en comprar drogas, optaron por seguir a un perro callejero que entendieron que era el oráculo que estaban buscando. Pasaron toda la noche siguiéndolo en coche sin, por supuesto, encontrar ninguna respuesta sobre su futuro.

El presente, eso sí, era alocadamente brillante: los conciertos de Mass Volumen eran conocidos por su carácter imprevisible, por lo que la banda acabó ganándose fama de grupo problemático. No era raro que su público pusiera en grave peligro, creando moshpits más grandes que la vida,  el mobiliario de la sala en la que tocaban, así como ver la guitarra de Sergio volar por los aires para terminar incrustada en la batería de Emilio. Vetados de absolutamente cualquier escenario de la capital española, intentaban —a veces con éxito— presentarse con otro nombre o convencer a los dueños de los locales de ser un grupo pop en sintonía con Los Secretos; las caras de los propietarios al ver tumultuosos grupos de punks llenando el local, llegado el día del concierto, era digna de foto. A veces, incluso, llegaban a molestar a los propios asistentes al concierto con sus letras no aptas para según qué sensibilidades, o su querencia por reírse de todo en el diseño de las maquetas que allí se ponían a la venta: en el reverso de una de ellas aparecía Ana Curra, icono de la llamada Movida Madrileña, asegurando que “me acosté con todos, garantía de calidad”. La leyenda cuenta que una de esas copias llegó a sus manos. Y que no le hizo ninguna gracia.

Otro de los frentes que siempre mantuvo abierto el grupo fue el de la elección de bajistas. Uno de ellos, apodado Muñones —lo conoció el baterista en una charla para alcohólicos anónimos a la que los dos estuvieron obligados a ir por beber en la calle— a pesar de tocar mejor que el resto de los componentes, fue aceptado por Sergio y Emilio cuando se dieron cuenta de que encajaría a la perfección con el espíritu de Mass Volumen: era incapaz de recordar las canciones ensayadas el día anterior. Antes de la entrada de Muñones en la banda, el bajista que tocaba con ellos se enteró que estaba despedido en mitad de un concierto: ensayaron con él pero ahora quería dedicarse a otros proyectos musicales. “Estamos buscando bajista, a ver si hay alguno en la sala, porque hoy es el último concierto de este chico”, dijo Sergio antes de que el grupo empezara a interpretar “Buscamos bajista, uno de sus inmortales hits incluidos en la demo Madrid Revival 2004. Si algo saben Mass Volumen, en definitiva, es de bajas voluntarias o impuestas: el grupo decidió apartar a Jorge cuando éste se presentó a una grabación importante —les pidieron un tema para un disco tributo a los míticos Espasmódicos— sin saberse siquiera la letra.

 

El último concierto de Mass Volumen, esos chicos que lucían camisetas donde se podía leer “a mi abuela no le gusta el punk”como calcomanías de Nietzsche en sus instrumentos, además de manejarse del modo que ilustra el primer párrafo de este texto, también acabó con la fraternidad que mantenía al grupo unido: “Antes del concierto discutí con Dani, el cantante que sustituía a Jorge, y me subí al escenario borracho. La batería estaba rota, pero yo la golpeaba como si se fuese a acabar el mundo”, asegura un Emilio que acabó lanzando la batería al público, poniendo así punto y final a la efímera pero intensa vida que tuvo el grupo de acciones no permanentes conocido como Mass Volumen. A modo de recordatorio póstumo, el sello Discos de Mierda publicó en 2007 un EP en vinilo de edición limitada dedicado a la banda, donde incluyeron clásicos como “Punk, ¿qué punk?” o “Stress”. Sergio y Emilio, tras el fin de Mass Volumen, se embarcarían en nuevos proyectos, como la oscura banda Desinchables o el giro cercano al revival mod que dieron con Concepción Glory Boys. Pero eso, como suele decirse, es otra historia.