Los models transgénero que están cambiando el rostro de la moda

Foto de Summer 2015 issue de Dazed

Es difícil pensar que quienes ahora hemos vivido ya más de dos décadas podamos recordar no haber estado expuestos desde muy pequeños a los marcados paradigmas de belleza. En lo personal es cosa de recordar mi casa de muñecas, específicamente el armario donde guardaba la ropa de todas mis muñecas Barbie y que —en su momento, un gran beneficio— podía intercambiar entre ellas porque todas tenían las mismas medidas. No soy de las que cree que Barbie es la culpable de todo, pero a mis ocho años una muñeca era físicamente todo lo opuesto a mí y ése fue el punto de inicio para las miles de inseguridades que luego pude desarrollar con respecto a mi cuerpo. Y me pregunto: ¿para cuántas niñas más habrá sido igual?

 

Pero el tema no es sólo el cuerpo. También es una idea de la feminidad, de crecer y comenzar a pensar que para ser “mujer” hay que cumplir con ciertos parámetros, y ¡qué difícil cumplir con ellos cuando el referente es una muñeca! A esa edad “ser femenina” definía “ser masculino/a” y con ello comenzaba nuestra aventura infantil por entender la sexualidad humana a través de juguetes, y la curiosidad por comprender el mundo al que estábamos entrando. Por eso quienes nacieron después del 2000 se enfrentan a esto de una manera distinta. Los medios de comunicación, las redes sociales y las revistas tienen más poder que nunca. Y si bien al principio jugaron un papel en contra, pues los paradigmas se propagaron aún más y tomaron más fuerza que nunca, la Generación Z ha sabido usarlos a su favor para dar a conocer sus quejas sobre este sistema de belleza del que somos parte.

 

El 2015 se marca definitivamente como el año en que los gritos y demandas de la sociedad por una mayor aceptación han sido escuchados. Luego de años de enfrentarnos a los altos estándares de belleza que, digámoslo, han sido autoimpuestos, se asoma la posibilidad para todos de dar nuestra opinión a través de un clic en la computadora o el teléfono. Ahora podemos convertir lo que siempre fue un pensamiento de muchos en una potente voz. Hoy las causas que buscan eliminar cualquier discriminación abundan y parece que al fin todos tenemos el apoyo de la mayoría.

 

Vivimos en una época donde el hashtag parece resumir cómo estamos como sociedad, #PlusSize, #NoMakeUpMonday (lunes sin maquillaje), #AntiThighGap (anti-separación entre muslos), #WokeUpLikeThis (así desperté), #NoShaming (no a la humillación) y un centenar de títulos en honor a aceptarnos. Estos son los caballos de batalla para luchar por la igualdad desde la comodidad de tu teclado.

 

La no distinción de razas fue el primer paso. Luego el cuerpo y las medidas, el maquillaje y los rasgos faciales, la edad y ahora la sexualidad.  Hoy en día ser y sentirse mujer ya no tiene límites de edad, color, orientación sexual o siquiera el sexo de nacimiento. La sociedad parece haber comenzado a interesarse en la frontera sexual y en la posibilidad de difuminar esos límites.

 

De esta manera no ser heterosexual dejó de ser sinónimo de homosexualidad. Es muy amplia la gama de identificación con los que las personas titulan sus opciones de género. Así el movimiento LG (Lesbianas y Gays) se amplió hacia LGBTIQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Tintersexual y Cuestionándose) y junto a él cientos de personas al fin encontraron un espacio para expresarse tal cual son.

 

¿Pero cómo se traduce esto al mundo de la moda? Algunos diseñadores como JW Anderson o Jean Paul Gaultier llevan años desafiando los límites de la feminidad y la masculinidad ayudando a construir la pista donde la transexualidad comenzaría a aterrizar. Algunos modelos alrededor del mundo comenzaron a perder el miedo a presentarse como andróginos y encontraron con el paso del tiempo marcas dispuestas a sacar partido de ello.

 

Sin duda uno de los casos más destacables es el de Andreja Pejic, cuyo cambio de sexo se vio completado a finales de julio del 2014. No fue el primer modelo andrógino de la historia, pero sí el primero en llamar la atención de los medios. Desde su primera aparición en la escena de la moda durante el 2010, la carrera de Andreja no ha ido más que en ascenso. Ha caminado por varias pasarelas durante las semanas de la moda y ha sido protagonista de diversas campañas y editoriales de moda (entre las que destacan Vogue Turquía, París, Brasil, Australia e Italia, y la revista W). Sus rasgos son ciertamente un deleite para diseñadores como Jean Paul Gaultier o Marc Jacobs, y en 2011 apareció en la lista de las mujeres más sexys del mundo de la revista FHM aún siendo oficialmente un hombre.

 

 

Otro de los nombres que ha marcado pauta en la industria trans es el de Lea T. La brasilera que fuera descubierta por Riccardo Tisci y se convirtiera rápidamente en su musa, ha sido vista constantemente en los shows de Givenchy. Fue la primera modelo transgénero en firmar una campaña con una firma de moda de alta costura y en ser rostro de una marca de belleza (Redken), además de participar en campañas de Benetton y protagonizar la portada de la revista Love junto a Kate Moss (fotografía que causó polémica —sin razón— porque ambas modelos aparecen besándose). Pero no sólo eso, Lea T aprovechó su fama para liderar una campaña antibullying en la que defiende la aceptación de todos, no sólo en el mundo del modelaje y la estética, sino en todo ámbito laboral.

 

 

Otras exponentes son Valentijn de Hingh, quien fue el primer modelo transgénero en conseguir un contrato con la agencia de modelos IMG y ha participado en campañas, editoriales y pasarelas junto a Comme des Garçons, Maison Martin Margiela, Love Magazine e incluso Vogue; y Geena Rocero, reina de belleza de Filipinas que antes de mudarse a los Estados Unidos para dedicar su vida al modelaje reveló durante una charla TED que era transexual. Con ello fundó Gender Proud, una organización dedicada a defender los derechos de género en Filipinas, Brasil y Hong Kong.

 

 

Son algunos de los nombres que dieron inicio a una industria de la moda en la que el género trans no se trata como un tema exótico y de distinción, en cambio representa el primer paso para derribar los estereotipos tradicionales sobre quién puede y quién no puede participar de la industria de la moda.

 

Durante el 2015 han surgido nuevos nombres. La llamada segunda generación dista de la anterior por su intento por entrar en el negocio borrando los títulos. Tal como para eliminar las barreras de tamaño, peso y talla debemos eliminar conceptos como plus-size, pues finalmente este no hace más que confirmar que es algo diferente y fuera de la norma. Los nuevos rostros transgénero o andróginos están luchando por dejar de lado el título y trabajar en la industria del entretenimiento como lo haría cualquier otra persona. Ahí es donde aparece Hari Nef, quien, además de ser modelo desde hace poco tiempo, se desempeña como escritora, actriz y activista. Hace poco consiguió firmar con IMG Models siendo la primera en hacerlo de manera global. En su corta carrera en el modelaje siempre se ha presentado como mujer desfilando sobre pasarelas de reconocida marcas como Hood By Air, Adam Selman y Eckhaus Latta, además de diversas apariciones en campañas para Style.com y videos musicales. Hace unos meses confirmó que está en proceso de transformación y se espera verla sobre las pasarelas de las colecciones femeninas primavera-verano 2016 durante septiembre.

 

De esta manera, lo que primero fue una aceptación estética ha evolucionado hasta al punto de comenzar a crear un espacio inclusivo, donde todos caben tal como son y —más importante— como se identifican, sin miedo frente al mundo. Se puede decir que la industria de la moda es cada vez más receptiva, pero la realidad de un espacio completamente inclusivo sucederá cuando características personales tales como talla, género,  raza o capacidades no sean destacadas como una excepción a la regla ni el día en que hablemos de esto como algo fuera de la norma, o incluso que tengamos que aplaudirlo. Cuando eso suceda será el día en que habremos logrado la igualdad.