Hilos de Historia, la exposición para la emperatriz moderna

Nos internamos en el Bosque de Chapultepec–uno de los espacios que aún continúan siendo verdes en la Ciudad de México–con el propósito de recorrer historias frente a nosotros, como mapas mentales, de personajes emblemáticos de México en las instalaciones del famoso castillo de arquitectura neo-gótica que ha visto pasar 152 años de historia, incluyendo el surgimiento y caída de un imperio, una revolución y dos intentos de invasión extranjera, esa casa imponente con bellas terrazas y un jardín que inspira paseos, charlas y coqueteos. ¿El objetivo? visitar la exposición temporal Hilos de Historia con la cual nos llevamos una gran sorpresa.

 

Vista hacia la ciudad de México desde una de las terrazas del Castillo de Chapultepec.

 

Desde el momento en que subes la escalera principal y un candelabro te alumbra como un sol, cruzas la puerta, nos encontramos con un par de vestidos de distintos estilos, acompañados de música clásica (excelente opción para la exposición). Esto nos hizo sentir como en Volver al Futuro, viajando en el tiempo de compras en uno de los aparadores exclusivos  del siglo  XVIII, XIX y parte del siglo XX.  Habían dos opciones para comenzar el recorrido, por una parte, vestidos femeninos con delicados detalles en tul, y del otro, atuendos para el uso cotidiano.

 

Detalle de vestido "para el diario" utilizado comunmente por las aristocratas mexicanas del siglo XIX, sorprenden los bordados a mano, casi perfectos.

 

La inquietud de saber qué estarían haciendo los portadores de dichas prendas es ineludible, o es qué, ¿alguna vez se imaginarían que su ropa sería digna de un museo?

 

Vestidos de la época virreinal, en ese entonces, México era parte de la Nueva España. Hace un poco más de 200 años.

 

Pensar en los baúles enormes que debieron utilizarse para trasladar los majestuosos vestidos, la delicadeza que debieron tener las mujeres para ponerse las delicadas medias de seda, los abanicos como accesorio de coquetería, el vestido ideal para un momento de luto, bailes, o hasta fiestas de disfraces; las enaguas que dejaban mucho a la imaginación, aquel corsé incómodo o el pre corsé que usaban las más pequeñas; un sinfín de aspectos que gracias a Hilos de Historia les permitirán remontarse a otros episodios de la sociedad a través de indumentaria.

 

En los tiempos antiguos, el abanico era pieza clave para la comunicación en el juego de la coquetería.

 

Definitivamente quedamos complacidos, con las más de 150 piezas que comparten aprendizaje de una manera a la que uno no está acostumbrado. En la muestra hay favoritos, los nuestros, por ejemplo fueron: El vestido blanco con plateado, que algún día formó parte del guardarropa de María Félix, el atuendo de Benito Juárez (aunque es el menos novedoso), los zapatos de la emperatriz Carlota, los abanicos con incrustaciones de concha nácar (muy usado en esa época), las medias de seda, un vestido Chanel morado,  y todo lo que mostraba aplicaciones de tul, que bien podrían ser usados en la actualidad. Sí ponen especial atención en las fichas técnicas que hay en las salas, se irán a casa con algunos datos interesantes como  que las novias de antes no usaban vestidos blancos para llegar al altar (eran low cost) o incluso un lenguaje ya obsoleto que se usaba con abanicos. 

Hilos de Historia es una de las exposiciones que deben recorrer, lento, a detalle, sin prisa, acompañados, si se puede, por alguien que tenga sensibilidad por las prendas y que incluso pueda ayudarles a recrear mentalmente situaciones que compartirían con cada atuendo. 

La exposición estará montada en el  Museo Nacional de Historia hasta julio del 2015.