Culpas, infiernos y pájaros: Hitchcock, el maestro del suspenso

El nombre de este director es sinónimo de misterio, suspenso y thriller, géneros que se disfrutan de manera peculiar durante esta época del año y que él supo llevar con sofisticación al séptimo arte, transformando lo ordinario en extraordinario. Este genio del cine usó la cámara de tal manera que ésta avanza más allá de la historia, introduciendo efectos y diálogos cuando son absolutamente necesarios, al igual que las palabras adecuadas. Su terror poco convencional explora las ansiedades transformadas en debilidades de la humanidad.

Hitchcock no escogió convertirse en director de cine, fue poco a poco que se fue acercando a este medio, primero haciendo trabajos pequeños que después lo llevaron a desempeñarse como guionista, director de arte o asistente de dirección. Fue en 1925 cuando el cineasta dirige su primera entrega: El jardín de la alegría (The Pleasure Garden) y sin embargo, El inquilino (The Lodger) fue el primer filme en el que mostró lo inimitable de su estilo, huella que ha sido llevada a la  pantalla chica, inspirando capitulos de la reciente serie Bates Motel.

 


“Estoy seguro que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre y cuando no sea la víctima”, Alfred Hitchcock.


 
Sus filmes se desarrolla múltiples funciones a distintos niveles de manera simultánea, fue con piezas como La dama desaparece (The Lady Vanishes) y Los 39 escalones (The Thirty Nine Steps) que el director muestra que puede manipular a su audiencia por medio del suspenso y al mismo tiempo desarrollar un humor macabro que saca la ansiedad en cada uno de nosotros. Uno de sus muchos logros cinematográficos, tanto en técnica como en desarrollo de la trama fue la aclamada Psycho (Psicosis), en donde no sólo se atrevió a ser el primero en matar a un protagonista a mitad de la película, sino que consciente del hambre de la audiencia por probar y conocer cosas nuevas, lleva a la gran pantalla un hombre con graves daños psicológicos infringidos por su madre y el complicado entorno de su tiempo.

De culpas e infiernos

Durante su niñez y juventud, Alfred Hitchcock era un ávido lector, no por nada algunos de sus filmes encontraron su inspiración en la literatura, además de que tenía cierta preferencia por algunos autores, como el gran Edgar Allan Poe. En vida, el cineasta llegó a admitir que no podía evitar comparar lo que el autor hizo con sus obras con lo que él llevó a la gran pantalla. Sin duda ciertas afinidades son fáciles de encontrar, como el caso del elemento policíaco: Poe en ocasiones ponía a esta fuerza como aquella que perseguía injustamente a un personaje en una de sus historias, es este mismo elemento el que aparece en cintas de Hitchcock en las que protagonistas injustamente acusados tienen que comprobar su inocencia de maneras poco ortodoxas para escapar de la cárcel.

La dama desaparece (The Lady Vanishes), Para atrapar al ladrón (How to Catch a thief) o Extraños en un tren (Strangers on a Train) son algunos de los ejemplos en los que se destaca lo que mencionamos anteriormente. Los personajes se desenvuelven como si fuera  cualquier otro día en sus vidas ficticias, hasta que ocurre algún suceso que los obliga a abandonar su zona de confort y esconderse de la policía;  pese a conocer su inocencia, esto no es suficiente para ellos, sino que se obligan a atrapar al sujeto por el que se les inculpa para que tranquilamente puedan regresar a sus vidas, pero no sin antes pasar por varias aventuras de por medio con la muerte como su compañero cotidiano.

Hitchcock y sus protagonistas

El lado oscuro del cineasta fue más allá de los estudios de grabación con algunas de sus protagonistas; teniendo ciertas preferencias por las rubias, no es de extrañar que mujeres como Janet Leight, Kim Novak o Grace Kelly atraparan sus ojos, pero fue Tippi Hedren quien en sus andares ordinarios se convirtió en la rubia de belleza nórdica que se volvió su total obsesión.

Pese a tener a su compañera de vida, Alma Reville, quien no sólo era conocida como “Lady Hitchcock”, sino que lo ayudaba en el desarrollo de sus películas, él se encariñaba con sus actrices principales. Lo que hoy se considera como acoso, tenía un concepto muy distintos durante en décadas anteriores, particularmente durante los cincuentas y sesentas; cuando Tippi Hedren filmó The Birds (Los pájaros) y Marnie –que permaneció con ese mismo título para sus traducciones--, Hitchcock  mandó a analizar su letra, le indicaba que color de labial usar y mandaba a su personal a seguirla después de las filmaciones, en afán de asegurarse de que no viera a ningún hombre.

El cine después de Hitchcock

Directores como Martin Scorcese, Roman Polanski o Truffaut encontraron su inspiración en la obra del “maestro del suspenso”, a quien no sólo se le ameritan muchos logros cinematográficos, entre los que se incluye poner a la audiencia al borde de su asiento y burlarla con situaciones complejas que se desarrollan a lo largo de sus tramas. La crítica le reclamaba que hiciera películas en función del público y no de él mismo, mientras que él aseguró que no entendía porque algunos productores se concentraban en una total individualidad. Él aseveró en vida que una de las cosas buenas del séptimo arte, es que por lo menos durante dos horas, los problemas eran de los demás, volviéndolo más importante que la lógica, reconociendo que el cine yace en la intersección entre el arte, la cultura y la tecnología.