Mad Max: Fury Road

“Esta película es como una rola de Pantera”

“Esta película es como una rola de Pantera”

Me dice un amigo con el que fui a ver por segunda vez Mad Max: Fury Road. Yo pensaba en cómo compararla y con qué desde un día antes. Pensaba en lo frenética e imparable que es la acción, y lo bien desarrollados que están los personajes aún cuando las hojas de diálogos han de ser muy pocas. Pensaba en cómo desglosar esta barroca obra de violencia y motores agitados ¿empezar por los antecedentes? ¿hablar de las referencias a los otros filmes? ¿hacer hincapié en el lado social y crítico de la historia? No importa, nada de eso importa porque por esos y demás méritos esta nueva entrega de Mad Max entró al circuito del culto en un chasquido de dedos.

 

"Esta película es como una rola de Pantera"

 

Lo mejor que podría decir a partir de eso es que Mad Max: Fury Road es una de esas cosas que se tienen que experimentar en el cine, que se tienen que vivir en la pantalla grande, y que por supuesto le funcionará a diferentes niveles a la gente, pero que muchos amarán, tal como yo. Por un lado tenemos todo el caramelo visual: todo el increíble trabajo de escenógrafos, stunts, artistas y creativos que exploraron y hurgaron en la mente de George Miller y que bajo sus instrucciones expandieron un universo ya de por sí maravilloso, lleno de extraordinarias explosiones y colores radioactivos, repleto de alimañas y tribus post apocalípticas, rezagante de frases y diálogos potentes, resultado de míticos esfuerzos que comenzaron hace treinta años con Mel Gibson interpretando al primer Max, uno mucho más humano, el cual es orillado a la locura por la pérdida de su familia en manos de los violentos y desorbitados motociclistas de Toecutter, o el Max de la segunda película, The Road Warrior, -que se asemeja bastante al de esta nueva entrega-, donde actúa por intereses propios y termina formando parte de una comunidad, sacando a relucir sus orígenes como justiciero, peleando contra fenómenos enmascarados, víctimas de mutaciones del fin del mundo y sanguinarios asesinos que lucen sus mejores prendas sadomasoquistas y que ambicionan el preciado combustible, o el Max viejo, de larga cabellera que pelea contra The Blaster en Beyond The Thunderdome y que lo derrota con puro ingenio y sonido.

 

Antes que nada, Mel Gibson fue el primer Mad Max en 1979.

 

Muchas de estas cosas fueron detalles reunidos para realizar una nueva historia que más que un remake parece una de las tantas aventuras que un mismo personaje puede vivir; no hay un reinició como tal, ni una clara evidencia de sucesión con las historias anteriores pero, basta con los guiños a situaciones y detalles del pasado que aparecen, como la caja musical, o el parecido conceptual de ciertos personajes. Por el mismo lado tenemos esta historia nueva que al igual que en las otras entregas es un pretexto en varias capas para decir algo más allá de lo que se lee a primera vista, y aún más importante para plantear estos personajes en conflicto que se sobreponen a problemas brutales, donde la resistencia comienza con interlocutores que generalmente se consideran frágiles pero que en numerosas ocasiones salvan el pellejo de Max y disparan acciones en momentos clave, basta con ver cómo Imperator Furiosa, encarnada por la grandiosa Charlize Theron se come la película por momentos.

 

"We are not things" Imperator Furiosa, uno de los personajes clave de Mad Max: Fury Road

 

Hay muchísimos aciertos en este film, pero en resumen tengo que decir que estamos frente a una de las mejores películas de acción y sci-fi de está década, una verdadera locura cinematográfica, una trepidante muestra visual y argumental del apocalíptico mundo de George Miller, repleta de personajes memorables y frases inolvidables, una de esas películas que hace que te suden las manos, que no te dejan parpadear y de la que siempre querrás más.