Desde Charles Frederick Worth hasta Yakampot: innovación y disrupción en la moda.

Texto por Fernando Lucio Escalera

PARTE I

Innovar es mejorar algo, lo que sea. Tomar la creación de alguien más y darle un giro nuevo, mas no encontrar el hilo negro del asunto, pues ya todo está dicho pero no se ha dicho de todas las maneras posibles. La disrupción, por el contrario, es más difícil, pues se trata en este caso de romper paradigmas, barreras; de cambiar drásticamente las formas establecidas de ver, de ser, de actuar, de pensar.

“¿Cuánta ciencia puede tener?”, se preguntarán algunos. “Sólo es una falda… sólo es un pantalón… sólo es una blusa; botones, mangas, cierres y listo”. Lo cierto es que todos, nos guste o no, vivimos dentro de esta industria y somos parte de la moda, que a lo largo de la historia ha sido definitoria en innumerables aspectos de la vida cotidiana, desde la Revolución Francesa y los izquierdistas sans culottes, hasta los fenómenos masivos actuales como el boom de los vampiros –Twilight saga–, o la tendencia cartoonish, que trae al mundo de cabeza.

Mucho tuvo que suceder para que la moda sea lo que es hoy en día. Frente a nuestros ojos pasan a diario incontables imágenes de prendas, de accesorios, libros, etc. Leemos noticas de diseñadores emergentes que al cabo de unos meses desaparecen en el insondable black hole del fracaso, pero gracias a quiénes vestimos como vestimos, a qué diseñador habría que agradecerle el haber roto paradigmas y haberse adelantado a su tiempo. Aquí unos pocos.

Charles Frederick Worth, creador de la alta costura e inventor de las pasarelas; consolida su casa Worth Bobergh en París, en 1858. Fue el primer diseñador en ocupar modelos de carne y hueso para presentar sus creaciones y no sólo se preocupaba por ello, sino que se encargaba de los peinados y accesorios para cada conjunto. Sus clientas no podían modificar sus creaciones, como era la costumbre hasta entonces y también es el primero en presentar colecciones por temporada.

 

 

Otra disruptora por excelencia, Elsa Schiaparelli, contemporánea de Gabrielle Chanel –grandes rivales, por cierto–, desde los años 20 hasta el cierre de su casa a mediados de los 50, fue una diseñadora irreverente y extravagante que le dio un nuevo significado a la palabra ‘atrevimiento’. Rompió las barreras impuestas de recato y sobriedad en una sociedad de posguerra con un vestido de novia negro, guantes con uñas doradas incluidas, un bolso de terciopelo negro con forma de teléfono, un sombrero zapato, entre muchas otras maravillas.

 

 

Objeto de deseo y pieza fundamental en las colecciones de todos los diseñadores desde 1964 es la minifalda, creada por Mary Quant en dicho año. Modista británica, nunca imagino que su “extraña” manía de acortar las faldas y vestidos 15 centímetros por encima de la rodilla fuera a causar tanto impacto y controversia a nivel mundial, sobre todo por parte de la siempre mojigata iglesia. La moda entonces comenzó a enamorar a un sector que había estado olvidado por completo: la juventud, ansiosa de insolencia.

  

 

PARTE II

Innovar no sólo en la creación de prendas, sino en el uso que las personas le dan a las mismas. Ahora, tres grandes ejemplos actuales de innovación en la moda.

La manera en la que las nuevas tecnologías han influido en nuestro cotidiano y el entorno orgánico de Iris van Herpen han desembocado en diseños revolucionarios, futuristas y completamente extraordinarios. Desde su primer colección en 2007 –Frigile Futurity–, van Herpen nos ha mostrado un manejo impecable de materiales e incluso para sus creaciones se han creado materiales nuevos. Utilizando técnicas ancestrales mezcladas con innovación tecnológica, como impresión en 3D, sus prendas son obras de arte en movimiento.

 

 

Stephane Rolland presenta a la mujer siempre etérea y onírica; elegante y sofisticada. La innovación en este couturier francés radica en las siluetas que crea a través de sus prendas. Hombros extensos, asimetrías perfectas, capas con caídas infinitas, aplicaciones en diversos materiales. Juega con la arquitectura de manera deliciosa y cada presentación es más vanguardista que la anterior. De igual manera que van Herpen, se han desarrollado materiales químicos específicamente para su uso y deleite de sus clientas.

 

 

En un mundo ya abierto a todas las posibilidades, Rad Hourani llega a la escena de la moda ofreciendo sólo prendas, no ropa de hombre ni de mujer, sino prendas unisex que puede comprar cualquier persona sin importar el rol de género impuesto por la sociedad. La identidad celebrada de manera neutral es lo que lleva a esta marca a quitar tabúes e invita tanto a sus clientes como a todo mundo a abandonar los estigmas y etiquetas. Innovación, revolución sexual y androginia llevados al máximo.

 

 

 

¿Y en México?

Figura emblemática de la moda en México fue Pedro Loredo. Relojero que por casualidad se convirtió en el pilar de la industria en nuestro país, jamás recibió educación al respecto. Innovó las prendas femeninas pero creó lo que en los años 60 era inexistente de este lado del mundo, por lo menos en México. Inició su carrera en 1953 y fue el primer diseñador mexicano en conquistar el mundo entero, recibiendo incluso una felicitación del mismísimo Valentino. Las transparencias y los motivos prehispánicos fueron su must.

 

 

Yakampot, de la mente creadora y creativa de Francisco Cancino, ha llevado el nombre de México a lo más alto, gracias a sus diseños orgánicos, multiculturales y hechos por las manos de artistas de pueblos originarios que guardan en cada prenda un poco de nuestra verdadera identidad. Diseños para todo contexto que se basan en la reedición de patrones de prendas indígenas con un toque moderno y que se han posicionado ya en el gusto de la gente precisamente por lo fácil que es utilizar cada prenda en distintos ambientes.

 

 

Hablar de Malafacha es hablar de teatralidad, de espectáculo, de irreverencia y de mucho atrevimiento. Justo eso es lo que buscan sus creadores, Francisco Saldaña y Victor Hernal, como el nombre de su marca indica, se busca un impacto visual en todas y cada una de sus piezas; asimetrías, estampados violentos, figuras desaliñadas y hasta cierto punto macabras son el distintivo de estos diseñadores mexicanos que se han abierto paso ya entre los jóvenes que buscan una identidad alternativa lejos de los convencionalismos aburridos.