Cambios: Moda como antropología

La moda puede parecer frívola y superficial. Se muestra como el lado más vanidoso de la sociedad pero siempre ha sido un factor importante como identidad dentro de  los momentos revolucionarios del mundo.   

Vamos a remontarnos varios siglos atrás, precisamente a la revolución francesa. En ese momento, la monarquía de María Antonieta y Luis XVI llegaba a su fin en manos del pueblo que cansado de tener hambre y de que sus reclamos no fueran escuchados, le cortaron la cabeza a los reyes y a toda la corte. Los vestidos de la época rococó eran enormes, con grandes estructuras de metal para ampliar las caderas junto con corsets que hacían las cinturas angostas y pequeñas.  Cuando la revolución terminó, todo lo que tenía que ver con el antiguo régimen fue desplazado, incluyendo la ropa. Napoleón se hizo cargo de Francia y su esposa Josephine fue el nuevo ícono del estilo. Para ese entonces, la vestimenta había cambiado mucho. El corte imperio era lo que se usaba. El nuevo orden social había querido recuperar los valores de la Grecia antigua y eso también significó volver a usar prendas más austeras y simples como las togas.  Aunque eso de simple y austero no le funcionó a Napoleón,  los vestidos de la era Regencia se usaron por varias décadas.  

 

 

 

 

 

En el transcurso de los años hasta el comienzo del nuevo siglo, la forma de los vestidos cambió muchas veces dependiendo del reinado de turno pero fue a principios del siglo XIX cuando las mujeres iniciaron un movimiento para igualdad de género. Hasta ese momento, todas las decisiones eran tomadas por hombres pero en 1903 comenzó en Inglaterra un movimiento de mujeres decididas a votar y se identificaban entre ellas y ante la sociedad coordinando los colores de sus vestidos y usando saches especiales. La moda era la única forma que ellas habían tenido por siglos para expresarse y ahora eso era usado para mandar un mensaje fuerte y contundente.  

 

 

Luego de la Primera Guerra Mundial, la indumentaria cambió radicalmente. Con los estragos de la guerra, Europa estaba devastada y gastar en vestidos era imposible. Además, con los maridos en el campo de batalla, las mujeres tuvieron que dejar de ser amas de casa para salir a trabajar, por lo que los elegantes y finos trajes de años atrás, ahora eran obsoletos y muy complicados para ambiente laboral. Enormes cambios económicos y sociales estaban ocurriendo en el mundo, estos contribuyeron a que el rol de la mujer fuera distinto, más libre e independiente.  Los años 20 trajeron pelos y faldas más cortas, formas andróginas y maquillajes escandalosos. Estos vestidos eran mucho más fáciles de producir en masa y lo que antes estaba reservado sólo para las de clase alta, ahora era de alcance popular.  

 

Este fue un período de transición. En la década de los 30 la crisis económica era muy grande pero al mismo tiempo el estándar de vida estaba en aumento.  Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, la industria textil tuvo que ser dedicada a la confección de uniformes y la moda tuvo que dar un paso al costado. La austeridad estaba a la orden del día y con los hombres nuevamente lejos de casa, las mujeres aún más debieron tomar trabajo en las fábricas. La ropa de la época era muchas veces reciclada de cosas ya hechas como trajes masculinos transformados en el hoy  famoso trajecito sastre.  

 

Luego de años de una reinterpretación de los uniformes militares , llega Dior con su New Look para restablecer la confianza y la femineidad. Volvía la opulencia y la complejidad a los vestidos. Al mismo tiempo en la juventud, el denim comenzaba a ser una tela importante. En sus comienzos era usado solamente por la clase trabajadora pero ahora íconos de la rebeldía como Elvis y James Dean lo portaban orgullosos , esto ayudó a que los jóvenes demostraran su inconformismo con la sociedad mediante la ropa.   

 

En los 60 llega la minifalda. Mary Quant fue la responsable de uno de los cambios más revolucionarios en la moda femenina hasta el momento. Levantar el ruedo de las faldas significó una liberación enorme en una sociedad en la que la modestidad era tan importante y la mujer estaba esteriotipada en el hogar y el trabajo de la casa. La minifalda fue un grito feminista y significó un rechazo a lo socialmente correcto así también como un despertar sexual.  

 

 

En las décadas siguientes podemos ver movimientos juveniles como los Hippies o los Punks en el que la indumentaria los identificaba con una ideología y una forma de vida.  Para la misma época en Japón comenzaba el movimiento Lolita . Las chicas adoptando la vestimenta de muñecas victorianas, simbolizaban irónicamente el hecho de que eran manejadas por los hombres, cuando en realidad ellas estaban al mando de sus decisiones. Todas estas corrientes producidas por el inconformismo y el descontento social mostraron cómo la juventud tomó la música y la moda como una indiscutida forma de expresión.  

 

Hay más ángulos y momentos de cuando la sociedad y sus pilares históricos se desenvuelven con la moda; vestir fue un reflejo directo de lo que pasaba en la sociedad y la política. Eso que hoy nos ponemos también tiene el poder de transmitir nuestras ideologías, gustos y personalidades.  No somos lo que vestimos sino que lo que vestimos muestra quienes somos. La moda es identidad y la identidad es un concepto político. 

 

 

 

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