La Batalla de Versalles

Éra el 28 de noviembre de 1973, cuando celebridades de la talla de Andy Warhol, la princesa Grace de Mónaco y Gloria Guinness se congregaron en el Palacio de Versalles con la intención de crear subsidios para su restauración, todo comenzó como una recaudación ordinaria hasta que se sugirió la idea de crear un show de moda que se convertiría en algo épico.

Para estar a la altura, se creó una extravaganza como pocas veces se había visto hasta ese entonces. La gran anfitriona fue la socialité francesa Marie-Hélène de Rothschild, quien se encargó de reunir a los cinco couturiers más cotizados de Francia: Hubert de Givenchy, Pierre Cardin, Yves Saint Laurent, Emanuel Ungaro y Marc Bohan, quien en ese momento se encontraba a cargo de la maison Christian Dior.

 

 

Por su parte, los estadounidenses que se reunieron para la contienda fueron Bill Blass, Anne Klein, Halston, Óscar de la Renta y Stephen Burrows– pionero de la moda afroamericana –representando a la hermana menor del gigante francés que luchaba por entrar en la industria de la moda.

Francia llegó a su ostentoso escenario con prendas de cortes clásicos pero con acabados que parecían tan imposibles que lucían fuera de este mundo, aunados a aplicaciones que mostraban elevadas técnicas de costura. Las piezas se presentaron por medio de un performance lleno de complicadas rutinas que corrieron a cargo de Josephine Baker…. pero aún faltaba mucho por ver.

 

 

Estados Unidos llegó con la simplicidad y elegancia del american sportswear, vistiendo a 11 modelos afroamericanas–un número impresionante para esa época, ya que apenas comenzaban a integrarse en la industria–. Su sencillez fue enaltecida por Liza Minelli y Kay Thompson, actriz, cantante y coreógrafa que poco tiempo antes del evento, había ganado un Premio Óscar.

Fue ese día en el que la moda estadounidense se alzó victoriosa con la corona del estilo, todos los diseñadores que hicieron su debut en los salones franceses aparecieron al día siguiente en los tabloides internacionales más importantes, llenos de alabanzas que incluían a la agresiva crítica y a los couturiers franceses contra los que compitieron, pasando de una gentil presentación a una batalla que trazó un nuevo curso en el mundo de la moda.