Romper paradigmas en la moda masculina

 

Texto por Fernando Lucio Escalera

 

Aceptémoslo, siempre es la mujer la que se lleva las miradas en las alfombras rojas, en las calles de la pasarela diaria que es la vida. Ya sea por su sensualidad, por su atrevimiento al utilizar tal o cual prenda o por su estilo. Pero, ¿esto debe continuar así? ¿A caso un hombre no pude romper lo establecido con su atuendo? 

                                   

Si nos detenemos a pensar en la anatomía del cuerpo humano, en cuanto a composición, no son muchas las diferencias, por supuesto que marcadas, pero la ropa cubre las mismas partes. El distintivo de la ropa masculina después del renacimiento, con todos esos atavíos inmensos y exuberantes, ha sido la sobriedad. En principio, por el trabajo y actividades cotidianas que el hombre desempeñaba en su cotidiano; la moda siempre va en la misma dirección que la funcionalidad.

 

 

A inicios del siglo XX, la estética masculina transmitía formalidad; en la segunda década, la vestimenta ya no era tan celosa de esa característica, sino que adoptó una cierta simpleza y espontaneidad; para los 30, las rayas se impusieron a lo Al Capone así como prendas más casuales y zapatos bicolor; en los 40, la guerra alteró la composición de los trajes, pues había que ahorrar tela y dobladillos y chalecos quedaron descartados. Fue para los años 50 donde el hombre comenzó a salirse ya de ciertos convencionalismos, pues la estética de la moda masculina comenzó a revolucionar gracias a actores ícono como James Dean. El cuero y la mezclilla marcaron un final y un inicio para la historia de la moda masculina, sin embargo, tomarían fuerza décadas después.

 

 

Disruptivas también fueron los 60 y 70. Los colores cálidos y vivos se hicieron presentes en las prendas, estampados y accesorios de los varones. Incluso, la época disco vio el retorno de las plataformas masculinas. Y digo ‘retorno’ porque el hombre fue el primero en utilizar plataformas y tacones en la historia, mucho antes que las mujeres, pues la aristocracia europea del siglo XVII adoptó de Persia este singular zapato. Una muy interesante historia que merece su propio artículo.

 

Volviendo al asunto, ya en los 80 y 90, con tantos desencantos sociales, la moda masculina tenía muchas vertientes y estilos muy diversos surgieron o cobraron fuerza. El punk, el grunge, el rap fueron los más populares y hasta el día de hoy ese legado sigue vivo.

 

El fin del milenio trajo consigo la idea de reinvención, en mi opinión, más que de creación, por lo menos en cuanto a moda masculina se refiere. Es aquí donde llego a mi punto. Todo regresa, pero, ¿por qué no todo se mezcla? Los tiempos han cambiado y nos dimos cuenta de que la mujer se atreve siempre a ir más allá, la mujer es igualmente capaz que el hombre. Gabrielle Chanel es un gran ejemplo. La película Annie Hall, de Woody Allen, es otro ejemplo donde un personaje se empodera de un look masculino.

 

¿Qué hay de malo en que un hombre use tacones? ¿Eso lo hace menos hombre?  ¿Por qué no dejar atrás todas esas ideas y prejuicios que desembocan en criticar hasta morir a alguien por lo que usa, simplemente porque es ‘de mujer’ o ‘de hombre’? La moda masculina y la femenina tienen pesos iguales, no obstante, siempre se ha etiquetado el blanco y el negro de las cosas. Creo que eso debería cambiar.

 

Estamos entrando en una etapa donde estas ideas se están llevando a la práctica. Y no es una práctica nueva. La cultura pop y la liberación sexual se han encargado de romper esos paradigmas tan arraigados en la sociedad occidental. El glam, por ejemplo, David Bowie, Boy George, Brian Molko, el mismo Kurt Cobain, hemos visto a Jared Leto y a Vin Diesel en falda; la androginia, otro ejemplo; el director creativo de ACNE Studios utilizó en su más reciente campaña de otoño a su hijo de once años: éste aparece en tacones y un bolso; el diseñador, fotógrafo y artista canadiense, Rad Hourani, hace una oda al ser humano con prendas que carecen de etiquetas al respecto de ‘para hombre’ o ‘para mujer’.

 

 

Mucho está pasando en el mundo de la moda masculina. Las opciones cada vez dejan de ser tan seria y adustas y las nuevas generaciones tenemos infinitas posibilidades. Al mismo tiempo, falta mucho por avanzar en el aspecto social, cultural y dictaminador de “las buenas costumbres”.