Javiera Mena se encuentra en Otra Era

Fotografía: Esteban Calderón

Conforme van cumpliendo años, las personas se alejan de ciertas cosas y se acercan a otras. Comienza una ligera transformación en la personalidad: la madurez.

Javiera Mena, nacida en un lugar culturalmente diverso nos cuenta: “Chile es un país donde la cultura local mira más hacia fuera. Lo que pasa con nuestra identidad tiene que ver con no tener algo tan nacional, como en Colombia, donde viene la cumbia, o México con su cultura prehispánica”.

Criada en una casa donde se podían encontrar instrumentos musicales, pero sin tener a alguien cercano que se dedicara a esto de manera profesional, Javiera encontró en su contexto musical amateur el primer acercamiento a su vocación.

Desde pequeña siempre fue alguien que se cuestionaba las cosas y, posiblemente, se pueden señalar dos momentos claves provocados por esta virtud, mismos que le han acarreado el éxito con el que cuenta ahora.

El primero fue cuando en el hogar de sus padres llegó una computadora que contaba con internet (sí, del que inhabilitaba el teléfono cuando se conectaba) y, movida por su constante deseo de indagar, comenzó a entrar en salas de chat donde se involucró con personas que tenían las mismas inquietudes musicales que ella.

El segundo, fue su constante cuestionamiento al momento de escuchar música y observar lo que sucede. La curiosidad la hizo crear un producto nuevo, capaz de ser exportado al mundo: música que provoca preguntarse qué tan plástico es el pop, y es que la mayoría de los artistas que componen este género saben hacer melodías que seguramente agradarán a las masas.

Sin una educación musical formal, Mena comenzó a explorar con distintas agrupaciones. Enfrentó su personalidad introvertida sin siquiera saber afinar su voz. En esa época experimentó con géneros que no estaban estrictamente relacionados con la electrónica ochentera que la caracteriza ahora, pero su deseo de hacer pop siempre estuvo latente.

Cuando editó Esquemas Juveniles, su primera producción, Javiera se mostró como una chica reservada que se acercaba con timidez al micrófono.

“Cantaba muy suave para lograr un efecto similar al de una cantante española-británica de los 70 llamada Jeanette, y también escuchaba mucho pop de la época en donde las artistas cantaban así, pero hacer eso en vivo es muy difícil, ya que debes lograr un medio muy tranquilo”, cuenta la chilena.

“Para llevar una carrera de músico, compositor, productor o lo que sea, necesitas mucha lucidez. Claro, el tiempo me empezó a decir ʻbueno, que no estás avanzandoʼ, estaba supliendo algo y no veía las cosas como realmente son, pero me di cuenta de que con la lucidez se puede trabajar mucho mejor”.

Para su segundo álbum, Mena, comenzaron a aumentar los viajes al extranjero, siempre con un común denominador bastante curioso: el verano. “Soy una lagartija, necesito sol que caliente mi sangre. Odio el invierno. También se da así por mi profesión, porque es en verano cuando hay más festivales, entonces me he ido moviendo estos últimos años al verano de acá y al de España”, se ríe al ser descubierta su fijación.

Han pasado ocho años desde su primer lanzamiento, cuando tenía 23. Ahora Javiera se muestra como una persona más centrada, segura de sí misma y que toma decisiones analíticas y frías. Hay madurez.

Hubo la necesidad de encerrarse nuevamente en el estudio para preparar su siguiente disco, y a diferencia de su constante búsqueda por el verano, ocurrió en el invierno.

“En invierno yo hiberno. O sea, en invierno yo no salgo, me quedo en la casa. Me gusta igual, pero estoy más encerrada. Es una época más de absorber. Es como los árboles que absorben la lluvia del invierno para después en primavera abrir sus flores, algo así me pasa”, comenta la chilena que deja entrever una metáfora sobre lo que es su nueva producción.

Si se piensa la vida de la compositora como una trilogía de discos, el lanzamiento de Otra Era se podría considerar como la culminación de una madurez personal y artística. Son distintos los elementos que reflejan esto en su nuevo álbum, como el personaje ficticio que dirige las canciones, una especie de Quijote que transita etapas, rumbos y sensaciones, la Javiera que tiene los pies en la tierra y comienza a descubrir cosas que le hacen notar que aún le falta mucho por aprender.

Por otro lado se encuentra la seguridad que muestra al escoger una portada con un desnudo —la cual ha generado controversia por haber sido censurada en iTunes y Facebook. La imagen representa una estatua y hace referencia a otra era, cuando el desnudo no era censurado.

Y por último se encuentra una Mena que es más ordenada en la producción, gracias a los años que lleva en esto. “Influyó en la parte más técnica de todo. Por ejemplo, en los otros dos discos era un caos pasar mis secuencias de mi computadora al estudio porque tenía todas las pistas y los bombos doblados, perdí mucho tiempo en pasar todas las bases y limpiarlas; en cambio ahora tengo todo ordenadito para vaciarlo en un estudio. Entonces creo que ha sido en lo que he cambiado, ya que soy la misma persona haciendo música, aunque ahora hay más claridad y va más direccionado todo. En ese sentido perdí menos tiempo”.

Sin querer, Javiera marcó con su nuevo disco, de manera casi literal, una nueva etapa en su vida, algo que ella niega al decir que es la misma persona haciendo música, la misma introvertid que cantaba como Jeanette.

En un descuido baja la guardia y explica que los chilenos son personas frías, reservadas y tímidas, como ella.

—Pero tú ya no eres así.

—Claro, porque ahora vengo mucho más a México.