La Sublime Revolución Musical de Ornette Coleman

En 1998, Refused, la banda de hardcore sueca que pretendía revolucionar la música  alternativa, nombraba su disco The Shape Of Punk To Come. Aunque el título parecía una misiva, no solo para la música que la banda grabó sino para todo un género musical, en realidad era  una referencia a otro disco que cambió radicalmente la música tras su lanzamiento en 1959. 

Para el autor del disco, Ornette Coleman, nombrar su disco The Shape of Jazz to Come no consistía en lanzar una misiva, se trataba de un reporte de lo que había hecho y estaba por hacer.

       

 

Randolph Denard Ornette Coleman no solo fue un renombrado músico por crear icónicos títulos de discos–Galaxie 500 retomó This Is Our Music en 1990– o porque nombró a un género de música experimental con su disco Free Jazz: A Collective Improvisation; también fue una persona que influyó en la manera de hacer música. Su importancia se puede escuchar en toda la música que escuchamos hoy en día, después de su muerte el pasado 11 de junio, a los 85 años de edad.

 

Ornette Coleman fotografiado por William Claxton

 

 

Coleman siempre será recordado como un saxofonista de jazz, aunque esto no siempre fue completamente correcto. También tocaba la trompeta y el violín de vez en cuando, lo que hace que su música no se pueda definir en un solo término. Sus inicios fueron dentro del género, donde se caracterizó por su habilidad de improvisar de una manera particular que muchas veces dejaba de lado las estructuras melódicas y se concentraba en el sonido mismo, transformándolo. Simultáneamente, algo similar sucedía en la década de los 50 en la música formal de la mano de Cage, Reich, Glass, Boulez, Riley, y muchos otros; pero Ornette fue precedente e inspiración de otros músicos como Cecil Taylor, Albert Ayler, Sun Ra y el trabajo tardío de John Coltrane. A su vez, Lou Reed escuchaba a Coleman e intentaba imitar su estilo con su guitarra, formando una de las bases de su banda Velvet Underground que millones de músicos han tomado como inspiración.

Al librarse de estructuras como verso/coro/verso de las canciones tradicionales, así como de las melodías o ritmos estructurados, ayudó a que hoy en día escuchemos música más textural, donde lo importante es la calidad de los sonidos más que lo que están tocando, desde el rock alternativo hasta el EDM

 

 

Después de sus ya mencionados trabajos más reconocidos en los 60, Ornette continuó innovando aunque sin tanto reconocimiento. En las siguientes décadas exploró su manera de improvisar–muchas veces con su hijo–con ritmos de funk, así como con elementos de fusión y hasta punk. En su carrera colaboró con gente como Charlie Haden, Eric Dolphy, Don Cherry, James “Blood” Ulmer, Pat Metheny y Jerry Garcia de The Grateful Dead, entre muchos.

Su trabajo durante las décadas de los 70 y 80 se puede escuchar reflejado en el trabajo de artistas tan diversos y recientes como Flying Lotus, Hudson Mohawke y James Chance and the Contortions; así es, desde uno de los productores de Kanye West hasta una figura del punk más ruidoso.

 

 

La improvisación en las manos de Ornette Coleman fue más que una demostración en el dominio de un instrumento; de hecho, era lo contrario. Para Ornette, la improvisación estaba lejos de adornarse como una persona de impecable técnica, sino como un compositor buscando una nueva manera de componer de manera grupal. Acercándose a la telepatía en vez de la proeza instrumentista, Coleman y sus colaboradores se convertían en un ente impredecible, desprendiendo notas y sentimientos por donde pisara.

Es fácil hablar de sus contribuciones al jazz aunque su influencia en la música moderna, al abandonar estructuras para explorar aún mayores posibilidades, le da aún más gravedad a su legado. Muchas veces, la música de Coleman aparentaba caos total para los escuchas, y claro, un disco como Free Jazz es como una serie de olas chocando contra los arrecifes; pero es esa misma anarquía que por su contraste hace que los elementos comunes en su catálogo se escuchen tan trascendentales y desafiantes. “Lonely Woman”, probablemente la canción con la que más se le asocia, no es un asalto total en todas las frecuencias, sino una melodía que parece estar a punto de descarrilarse, pero se mantiene por una belleza pictórica dentro de las pinceladas que Ornette lanza con su saxofón, así como lo hacen los demás instrumentos. Pocos antes o después han logrado una revolución tan sublime.