The Breakfast Club

Foto de TEO Luncheonette

Pocos placeres en la vida se comparan con el de un buen desayuno.

Existen básicamente dos tipos de desayuno: el de rutina y el que se hace por el simple y sencillo placer de desayunar, y de desayunar bien.

El desayuno-rutina está inserto en el día a día de cada persona, acoplándose a las actividades productivas. Este tipo de comida, desafortunadamente, toma un papel secundario obedeciendo a fines como la eficiencia y practicidad. Fruta envasada, sándwiches, donas; alimentos prefabricados y portátiles que permitan un consumo fácil, rápido y sin la mínima interacción humana. Es comida sin amor.

Afortunadamente, existe el placer del desayuno. A diferencia de la rutina donde se sacrificó el sabor y la convivencia (y la nutrición en muchos casos), este tipo de desayuno, en el mejor de los casos, puede ser una experiencia sensorial y social perfecta.

Frente a las posibilidades infinitas de la Ciudad de México, desayunar aquí es un acto que requiere esfuerzo. Lo primero es levantarse temprano. Con casi nueve millones de habitantes sin contar la zona metropolitana, las filas y los tiempos de espera pueden volverse insostenibles. Esa es la parte relativamente fácil –y es una buena manera de conocer a alguien: "There is sleeping people and breakfast people" (I´m in the Breakfast Club).

Después viene lo complicado: elegir.

El desayuno en la CDMX no es una lista hermética de alimentos; es un concepto que se adapta a los gustos y antojos del comensal. Por eso elegir a donde se va a desayunar obedece al tipo de desayuno que se quiere.

El clásico. Un desayuno tradicional -café, pan, jugo, fruta, huevos- es algo accesible prácticamente en todas las calles de la ciudad. Muchos y muy buenos lugares ofrecen este servicio y cada uno destaca en una cosa o en la otra. Sin embargo, hay uno que ofrece una calidad máxima en todos los frentes: EL Cardenal. Con cuatro sucursales, este restaurante icónico de la ciudad, es el sitio ideal para desayunar en familia, grupos grandes o chicos. Su tortilla de huevo con escamoles y una orden de nata con pan son la mejor manera de iniciar un domingo.

El especialista. La mayoría de los restaurantes sirven dos turnos desayuno/comida o comida/cena. Algunos se especializan en la comida o en la cena, pero sólo conozco un lugar única y exclusivamente especializado para desayunar: La Fonda Margarita. Hay algo especial en desayunar muy temprano. Una sensación de triunfo, ya sea por vencer al despertador o por vencer a la noche. Este es el lugar para los madrugadores. Abierto desde las cinco y media de la mañana hasta las once y media, la clientela va transformándose conforme el sol avanza. La Fonda Margarita abre con las criaturas de la noche, vampiros enfundados en su esmoquin y vestidos de gala provenientes de alguna boda, XV años o graduación, y termina con una fila bastante larga de familias en pants. En un galerón de mesas de lámina, cocina abierta, rejas de refrescos a la vista y un trío tan eterno como pintoresco, todos vamos por la misma razón: la mejor comida casera fuera de casa. Este es uno de los pocos lugares donde todo lo que hacen es bueno. El balance perfecto entre la acidez de la salsa de tomate, la dulzura de la salsa roja, el sabor tatemado de pasilla y los mejores huevos tirados de la ciudad. No fue casualidad que cuando Anthony Bourdain describiera su experiencia en La Fonda Margarita dijera algo como “The best breakfast ever maybe...”.

El Comodín. Fishers logró conjuntar la fiesta con el desayuno familiar. Esta cadena es el único lugar capaz de reunir a cincuentonas, crudos, parejas y niños con sus padres. La ecuación es bastante simple: una comida estandarizada en la excelencia y cocteles matinales. La clásica mimosa con ostiones rasurados, cervezas con camarones saliendo de la lata y caldo de camarón, un café con pan francés o, el sello de la casa, un pepellín acompañado de una gringa de pescado. Todos tenemos un motivo (o pretexto) para ir a Fishers el sábado en la mañana.

El viajero. En una orilla del km 152 de la carretera México-Querétaro, poco antes de llegar a San Juan del Río, se levanta un letrero grande de letras verdes: Barbacoa Santiago (no tenemos sucursales). Al igual que el desayuno, el taco es un concepto. Hay una pluralidad de tacos y dependiendo de la hora del día, depende del taco que el organismo necesita. La fila es grande y acercan vendedores de cueros de lana peinada, juguetes de madera y chicles. Los tacos básicos de desayuno son tres: carnitas, guisado y barbacoa. Cada uno de ellos tiene un encanto particular, pero nada se compara con la simbiosis de la carne de borrego cubierta de salsa borracha, cebolla, cilantro, una tortilla recién hecha y consomé, que venden en este lugar. La cocción lenta en el suelo envuelve a la barbacoa en un misticismo primitivo y combinada con el frío matinal del camino, le da un aura romántica al desayuno de cualquier viajero que pase por aquí.

El urbano. En la ciudad es difícil encontrar un lugar donde se pueda estar solo y más raro aún, es un lugar donde se pueda estar cómodamente solo. TEO Luncheonette es un restaurante extraordinario contenido en un local diminuto en la calle Havre, a escasos metros de avenida Chapultepec. Este restaurante es capaz de satisfacer un amplio espectro de gustos: el Huevo Puerco (lomo de cerdo a la cubana, salsa tatemada y tortilla frita), el Huevo Verde (brioche integral, arúgula, pesto y jamón serrano), Bowl de Yogurt Griego (granola, fresas, miel de agave y goji berries), la Ensalada TEO (hierbas, crema de aguacate y pistache tostado), el French Toast (mascarpone y blackberries) y el Toast de crema de cacahuate y mermelada de zarzamora con jengibre; son sólo algunas de la opciones que ofrece este lugar.  A pesar de su cercanía con dos avenidas grandes de la Ciudad de México, en pareja o con la compañía de un libro, una revista o el periódico, sentado en la barra de una ventana dando sorbos al café, su tamaño y su cocina hacen de TEO el lugar perfecto para desayunar con tranquilidad.