Estilo Cinematográfico

El estilo es la forma en la que un artista estampa su sello personal en los recursos utilizados para decir algo. En el cine, es la conjunción multisensorial de actuación, diseño, música y diálogo. Todo ello condensado en una secuencia de imágenes que dura aproximadamente dos horas. Es lo que nos hace pensar en Anderson, Fellini, Godard, Tarantino, De Sica, Antonini o Scorsese al ver un solo instante de una película.    

Uno de dichos recursos es el vestuario. Y al igual que el resto, se encuentra al servicio de la historia: si es de época, futurista, urbano, rural, si es en arrabales o en opulencia. Ahora, hay de películas a películas y de vestuarios a vestuarios.  La diferencia es muy simple. En algunas, ayuda al no estorbar, un elemento a usarse en la narrativa y nada más, necesario pero no indispensable. En otras, la ropa es una parte sustancial no solo de la manera en la que se narra la historia, sino de la historia misma. Esas películas superan a la moda y permanecen en el ideario colectivo al ayudar y contribuir a crear un auténtico estilo cinematográfico.

Ejemplos que demuestren lo anterior hay varios y solo tomaré unos cuantos.

El Gran Hotel Budapest. De la pluma de Wes Anderson han salido grandes personajes masculinos. Así sea un contador en colores pastel, corbatas de moño y enamorado de una antropóloga madre de prodigios; un oceanógrafo cegado por la venganza cuyo uniforme es un speedo con un gorrito tejido, una tercia de hermanos hipocondriacos cargando real y metafóricamente, el equipaje de su padre o un zorro columnista/ladrón de gallinas que usa trajes de pana hechos a la medida: de las muchas cosas que comparten entre sí, es que siempre son hombres excéntricamente bien vestidos. Sin embargo, ninguno de ellos es el concierge del Grand Budapest. Dentro de una trama vertiginosa, entre conflictos bélicos de escala continental, asesinatos, robo de arte y pastelitos perfectos, el protagonista es un hombre del que Oscar Wilde podría haber sido amigo. Rubio, educado y frívolo (después se volvería rico también), es un hombre que define un punto clave de la elegancia de un caballero: el aroma. Y que comete el pecado original del sibarita, el exceso. L'Air de Panache su fragancia, como su ingenio, es la esencia que se queda flotando en el aire, y como es bien sabido, percibimos más por la memoria que a través de los sentidos. 

El Diablo Viste A La Moda. La película se centra en una aspirante a escritora que encuentra trabajo dentro de una revista de moda, un mundo trivializado en su mente. Con una excelente actuación por parte de Meryl Streep (no sé si exista otra) vemos el desarrollo profesional de su asistente a la par de la mejoría en su vestir –la secuencia de estilizados conjuntos por los que pasa durante su transición de civil cualquiera a mujer fashion con "Vogue" de Madonna como música de fondo es “el momento” de la película–. El dinero no es sinónimo de buen gusto ni mucho menos de clase, ayuda en el mejor de los casos, y el estar dispuesto a verse bien, a vestirse bien, a no dejar que el mundo relegue la elegancia a un nivel superficial, es algo en lo que vale la pena gastar. El viaje de un Pigmalión sin mentor. Desde recoger cafés y tintorería hasta ganarse un lugar en el máximo evento del mundo de la moda, en donde finalmente aprende que la pasión hace una carrera, no al revés; mejorar es atreverte a conocer cosas nuevas y a no juzgar lo que no conoces. Nada es frívolo si lo amas y lo respetas.

A single man. Atrévete a hacer lo que quieres, haciendo lo mejor que sabes hacer. Tom Ford -ex director creativo de Gucci e Yves Saint Laurent- haciendo su debut como director de películas, no hay nada más que decir.

A Pleno Sol. El lujo es eso, un lujo; un exceso de deseo. Y el protagonista de la cinta, Tom Ripley, es la manifestación precisa del lado oscuro del deseo: el sociópata modelo. Alguien que no guarda el mínimo aprecio por las personas o la humanidad. Plumas estilográficas grabadas, relojes con monturas de oro o carteras Gucci de piel de cocodrilo, éstas son las cosas importantes de la vida. Pero no de la vida que se tiene, sino de la vida que se desea y de las vidas que se destruyen para llegar a ella; de la vida que se usurpa. Las películas que le hacen justicia al libro que las inspiró son escasas, pero Plein soleil (Purple Noon en inglés) es una de ellas. El look del desenfado impecable en un verano mediterráneo. Camisas abiertas que dejan descubiertas cadenas de oro brillando al sol, mocasines sin calcetín, trajes de lino con saco al hombro, el placer sin límites y sin remordimientos. El lado oscuro del deseo, desde la mirada acerada y magnética de Alain Delon, nunca se vio mejor. 

Todos los hombres del presidente. Su lema podría ser reducido a: "haz tu trabajo, y hazlo viéndote bien". Trabajar en una oficina no significa adoptar el traje como uniforme. Olvidar la imaginación o, peor aún, nunca desarrollarla, es una de las maldiciones más comunes en el mundo del oficinismo. Hacer el trabajo como un autómata y vestirte acorde a ello.  El martilleo incesante de las máquinas de escribir y el humo de cigarrillo en la redacción del Washington Post deja claro que aún desfachatado puedes verte bien si eres auténtico en ello. Uno de los thrillers políticos más importante del siglo XX. Cínicos y soñadores, corriendo entre notas, Miami, California, perdidos en bibliotecas o reuniéndose en la clandestinidad de un estacionamiento a altas horas de la madrugada, dos periodistas de mangas remangadas, cuellos abiertos, tenis y corbatas flojas ponen sus vidas en peligro sólo para encontrar la verdad, proteger la primera enmienda de la Constitución, la libertad de prensa, y forzar la renuncia del presidente. No es que nada de eso importe, pero además lo hicieron viéndose bien. 

     

Probablemente lo único que tienen en común estas películas, y muchas otras (8 1/2, Loco y Estúpido Amor, Perros de Reserva, À bout de soufflé, por nombrar algunas), es que definen por igual el verdadero significado del estilo: no se trata de dejar de ser uno mismo, sino de ser la mejor versión de uno mismo.