Nada Que Ver

Tenía que ser Jerry Seinfeld

En los noventa, Jerry Seinfeld alcanzó la inmortalidad televisiva con su sitcom Seinfeld. Además de volverse parte de la cultura estadounidense (al grado de incorporar conceptos como “yada-yada-yada”, “re-gifter” o, mi favorito, el “Festivus”), su premisa central, y la forma de ejecutarla, terminó influenciando a toda la televisión. La premisa central de la serie era muy simple: nada. La forma de ejecutarla también fue muy simple: la vida.Seinfeld fue la primera serie sin tener un supuesto específico (un bar, un mayordomo, un departamento, una familia, un hospital, etc.) y fue la primera donde la estructura de los episodios junto con los diálogos estaban escritos como la vida cotidiana (el episodio del restaurante chino es un buen ejemplo de esto).

Y, ¿después? ¿Qué sigue una vez que transformaste para siempre la televisión? Después viene el siguiente nivel: más vida y más nada. El fruto más importante del éxito es la libertad. Con una de las comedias más exitosas e importantes en la historia, Jerry Seinfeld podía hacer lo que le diera la gana, y lo hizo.

Se necesita de este respaldo para poder decir: "este es mi nuevo show, voy a pasar por un amigo mío en un carrazo y nos vamos a tomar un café".

A pesar de la simpleza, el resultado es algo notable. Directamente en internet, con total independencia de una televisora o plataforma, http://comediansincarsgettingcoffee.com/, Jerry Seinfeld recoge a un amigo, generalmente otro comediante, en un automóvil que resulta ser la metáfora del invitado (respondiendo una de esas preguntas proverbiales que todos nos hemos hecho: ¿si fueras un coche que coche serías?) y pasan alrededor de quince o veinte minutos bebiendo café y platicando.

Con invitados de primer nivel -hasta Barack Obama tiene un episodio-, la conversación franca entre dos personas usa la teoría de la comedia y la profesión de comediante para reflexionar sobre el matrimonio, la comida, la adolescencia, política, religión y la crianza de los hijos entre muchas otras cosas. Es honesto, sin pretensiones y a pesar de ello no deja de estimular intelectualmente al espectador.

Al final, por eso es el mejor programa de entrevistas de la actualidad; porque nos recuerda que la búsqueda de las respuestas a los grandes misterios del universo inicia en el fondo de una taza de café con un amigo.