Fotos y Recuerdos... Selena sigue Aquí

Fue durante 1994, cuando una estudiante de secundaria llamada Imelda Basurto, había dedicado la mayor parte del año intentando conseguir una entrevista para su periódico escolar con su cantante favorita, hasta que un día, tuvo éxito, el padre de la cantante, quien no tan convencido de aceptar la entrevista cedió, conectando la llamada con el número de su hija. Y en ese momento, Imelda, su cantante favorita y el padre de su cantante favorita, tuvieron una corta conversación los tres al teléfono, en donde acordaron reunirse para tener la entrevista.

Un par de días después, Imelda se encontraba en la sala de la casa de su más grande estrella, y no lo podía creer. “Sólo nos sentamos ahí, me recibieron sus padres. Su mamá y yo conversamos por un momento mientras su papá sólo se sentó ahí viéndome fijamente sin decir nada. De repente, se escuchó que alguien caminaba hacia la sala de espaldas a mí. Volteé, y era ella, al verla, me sorprendí no de la forma que pensé, pues yo esperaba a alguien más… perfecta.”

Chriz Perez, quien fue su esposo, la describe en su libro To Selena With Love como una extraordinaria mujer muy ordinaria. Era toda una mujer a los 23 años, estaba punto de convertirse en una superestrella, soñaba con criar una familia junto a su esposo tan pronto se estableciera su carrera. Su sonrisa podía iluminar la noche y su figura provocaba miradas dondequiera que iba. Pero la única imagen que viene a la mente de Abraham Quintanilla, su padre, es la de una niña de 8 años, nerviosamente parada detrás del micrófono en el restaurante familiar de Lake Jackson. Época en la que, Abraham aún estaba convencido de que Selena estaba destinada a convertirse en una estrella. Él, un músico también, reconocía el gran poder y la precisa entonación de la voz de su hija. Había puesto todo en su talento. Desde los primeros años de viajar con la banda por lejanas carreteras del sur de Texas en una vieja y descompuesta camioneta con una cama plegable, hasta su presentación ante 60,000 admiradores en el Astrodome, Selena se había convertido en la estrella más grande de la música tejana. Su nombre era familiar en México y en muchas partes de Latinoamérica. Estaba a punto de cruzar la línea a la audiencia de música popular de habla inglesa.

 

 

Pero, a causa de un trágico evento, los sueños que Abraham había compartido con su esposa, Macela, sus tres hijos y Chris, se derribaron. Esa mañana del 31 de Marzo de 1995, Selena no había ido al estudio de Q  Productions. Era raro que llegara tarde, su perpetua puntualidad era parte de su encanto. Ese viernes en la mañana, era sorprendente que Selena no hubiera tan siquiera llamado. Tenía una cita a las 10 A.M. con su hermano, A.B., y su hermana, Suzette, para grabar las voces de una nueva canción que A.B. estaba produciendo. Pues, Selena ya estaba a mediados de la grabación de su primer disco en inglés. El disco se estaba tardando porque su horario era demasiado agitado y su agenda estaba cada vez más llena. Dieron las 11 A.M. y todavía no se sabía nada de ella. A.B. llamó a Chris Perez, quien le dijo que ella había salido de la casa a las 9 en punto de esa mañana, mientras él todavía estaba en la cama. Chris no sabía a dónde había ido, pero creyó que tendría algo que ver con Yolanda Saldívar, la antigua presidenta del club de fans de Selena. Abraham y A.B. fueron a almorzar. Regresaron a la oficina justo cuando sonaba el teléfono. La cuñada de Abraham quien llamaba gritando que Selena había tenido un accidente. Su padre corrió a la sala de emergencia del Memorial Medical Center. En el hospital, Abraham supo que no había habido ningún accidente. A Selena le habían disparado en la espalda y la declararon muerta al llegar al hospital, sólo en ese momento, se dio cuenta de la finalidad de las palabras del doctor. Selena estaba muerta.    

  

 

Para niños crecidos en barrios como La Molina, el vecindario de clase trabajadora de Corpus Christi en donde vivía la familia Quintanilla, Selena era la reina del pueblo, una exitosa artista que nunca había perdió contacto con sus raíces. Pero para Abraham, seguía siendo su pequeña niña. La que brincaba encima de su cama, la pequeña con la que pasaba tocando su guitarra y cantando viejas y populares canciones mexicanas que él amaba y le enseño a amar. La familia Quintanilla no estaba sola con su dolor. Cuando se corrió la voz de la muerte de Selena por el norte y sur de Corpus Christi el 31 de marzo, sus admiradores reaccionaron primero con incredulidad, y luego con una exhibición masiva de adoración. Comenzaron a aparecer carteles en los carros que decían "¡Te amamos, Selena!” Las iglesias rápidamente organizaron vigilias. Las estaciones de radio de música tejana no dejaban de programar la música de Selena a toda hora. Las tiendas de discos vendieron todas sus grabaciones. El fin de semana después de su muerte, miles de personas de Texas, México y muchos otros de la comunidad latina, peregrinaron hasta Corpus Christi para mostrar su respeto. Ese domingo, se enfilaron hacia el centro de convenciones de Corpus Christi, donde el cuerpo de Selena yacía en un féretro negro rodeado de rosas blancas. Luego de que circuló un rumor de que el féretro estaba vacío, la familia acordó abrirlo para confirmar que la horrible noticia era cierta. El motel Days Inn, donde Selena fue baleada, se convirtió en un altar a su memoria, con mensajes de admiradores escritos en las paredes del cuarto donde ella se había encontrado con su asesina, Saldívar, antes de morir. Por la sospecha y acusación de Abraham de que Saldívar había robado dinero del club de admiradores de Selena y debido a eso, ella había ido al hotel sola, tal como lo pidió Saldívar, esperando obtener documentos que comprobaran que las acusaciones no eran ciertas.

Flores y tarjetas cubrieron la cerca rodeando la casa donde Selena y Chris vivían. Velitas prendidas en la entrada. Afuera de las tiendas de moda Selena Etc. recién abiertas en Corpus Christi y San Antonio, se vendían camisetas y gorras con su imagen. Después del entierro en una ceremonia privada el 3 de abril, su tumba en el cementerio Memorial Park también se convirtió en un altar. Cada noche, el cementerio tenía que deshacerse de camiones llenos de tarjetas y flores. Abraham expresó su sorpresa y gratitud por la efusión que siguió a la muerte de su hija. Especuló que la atracción de Selena iba más allá de su música. "Yo sabía que mucha gente quería a Selena", dijo. "Lo podía ver en sus caras dondequiera que tocábamos. Pero estoy realmente sorprendido ante la magnitud de esto. Creo que la gente está cansada de la maldad de este sistema del mundo. Ella era una buena persona, una limpia persona con moralidad. Ellos podían ver eso. Y no queda mucho de eso en este mundo".

 

Antes de que la carrera de Selena se acelerara, Abraham comenzó a recibir llamadas de una mujer de San Antonio llamada Yolanda Saldívar. La mujer dijo que quería fundar un club de fans de Selena. Le dijo a Abraham que obtendría una licencia para operar sin lucro y que donaría algo del dinero a ciertas caridades. Al principio, Abraham la ignoró. Al fin, se dio por vencido por su persistencia. "Mi interés era publicidad para Selena", dice. Saldívar, quien trabajó como enfermera registrada de pacientes con tuberculosis en el hospital San Antonio State Chest, se convirtió en la admiradora número uno de Selena. Aunque contaba con más de 30 años, gritaba como una adolescente en los conciertos de Selena. A Saldívar se le permitía entrar al bus de la banda siempre que Selena se presentaba en San Antonio. Pero Selena tenía poco contacto con ella hasta  nueve meses antes de su muerte, dice Abraham. Es cuando se contrató a Saldívar, por sugerencia de Selena, para que manejara las tiendas Selena Etc. en Corpus y San Antonio. Las tiendas pudieron ser la manera de Selena de independizarse de su familia. Le encantaba comprar ropa y ella diseñaba el sensual vestuario que usaba en el escenario. Ahora quería probar que podía ser una exitosa mujer de negocios. Aunque Saldívar no tenía experiencia en el manejo de negocios, Abraham consintió la elección de Selena. "Yolanda había sido presidente del club de admiradores por cuatro años", dice. "Me imaginé que todo saldría bien". Lo que la familia no sabía era que Saldívar había estado acusada por un doctor de San Antonio de robar más de 9.000 dólares en 1984 cuando ella trabajaba para él de contadora. Tampoco sabían que Saldívar no había pagado un préstamo universitario, y que había dejado un trabajo de enfermera bajo circunstancias sospechosas al inicio de la década de los ochenta. Selena confundió la obsesión de Saldívar con amistad. Cuando Saldívar le regaló un anillo encantaba a Selena, Abraham le dijo a su hija que dudaba de los motivos de Saldívar. Sospechaba de la naturaleza de su atracción. Selena le contestó, "Oh, papá, vamos. Todo el mundo es raro para ti", él recuerda.

Selena era la más brillante esperanza para el futuro de la música tejana. Si hubiera vivido más, quizás se hubiera convertido en la primera superestrella internacional del mercado. Una vivaz artista que podía cantar cualquier estilo de música, y aunque nunca tomó clases de música su potencial no era ilimitado. Aunque los adultos comprendieron el dolor sufrido por la familia de Selena, fueron los jóvenes los que tuvieron la mayor dificultad para aceptar su muerte. Se identificaban con ella, especialmente las mujeres, y la idolatraban hasta la fecha como su modelo ideal. Selena se hubiera maravillado al ver el enorme despliegue de emoción y culto que siguió tras su muerte. Parte de la reacción ha sido por la dramática y trágica manera en que fue asesinada. 

Abraham siempre ha dicho que desearía haber despedido a Saldívar más pronto. Pero añade que nadie nunca pensó que fuera capaz de un acto violento. Se culpa a sí mismo por haber puesto a Selena en una posición en la que pudiera convertirse en una víctima al empujarla hacia una carrera de música desde pequeña. "Yo pienso, ‘¿Y si no hubiera hecho eso? ¿Y si no hubiéramos dejado el aspecto espiritual a un lado?’ Ella hubiera sido una dedicada servidora de Dios". La tragedia ha acercado más a la familia y los ha llevado a dedicarse a sus creencias religiosas, dice Abraham. "Tomamos la vida a la ligera, ¿sabes? En nuestra diaria lucha de ganarnos la vida, olvidamos nuestras necesidades espirituales. No me cabe duda de que veremos a Selena de nuevo, cuando venga con la resurrección". Mientras tanto, él todavía tiene una carrera que manejar. Es una triste ironía que la muerte de Selena ha enfocó más atención de la prensa nacional en la música tejana veremos a Selena de nuevo, cuando venga con la resurrección".

"Ese era su mayor sueño, cruzar la línea," dice Abraham. "Porque ella nació aquí. Ella era una estadounidense". Pero para él, Selena la superestrella, nunca será más real que la imagen de la pequeña, nerviosa niña cantando por primera vez en su restaurante Papa Gayos en Lake Jackson. El adora sus recuerdos. "Cada vez que la veía, lo primero que hacía era venir y abrazarme y besarme", dice él, con lágrimas en los ojos. "Yo voy a la casa y llevo vídeos caseros de cintas familiares que grabé. A mí, a veces me hace reír. Para mis hijos, mi esposa y Chris, es muy doloroso. Ven los vídeos y empiezan a llorar. A mí me alivia. Es como si estuviera de vacaciones. Todavía está viva; sólo que no está aquí".

Estando a poco tiempo del primer festival musical que honrará el legado de Selena llamado La Fiesta De La Flor, el próximo 17 y 18 de Abril del presente año en Corpus Christi. Se sabe que aún hay personas que como Imelda, testificaron como pocos la calidad humana que Selena poseía, contando a generaciones venideras lo importante que es recordarla con experiencias tan hermosas como la de ella. “Pero ella era fácil de tratar, cálida y tan amigable” dice Imelda. “No sentía que estuviera hablando con ‘La Estrella’ que tanto admiraba. Pero ella era así, no tenía nada que esconder. Hablamos durante tres horas sin parar, sus respuestas llevaban a más preguntas.” La joven Imelda recuerda haber hablado sobre sus vídeos, su música y sus fans, consejos de maquillaje “y me aconsejó como librarme de la celulitis, incluso” ella recuerda. “Me dijo que bebiera limonada y que luego me acostara y masajeará mi piel… digo, ella se veía tan perfecta… bueno, no perfecta, sino como alguien tan natural con quien se podía pasar todo el día hablando tanto de cosas importantes como de cosas banales.” En un momento de la entrevista, trajo una de sus fotos y quiso autografiarla para dármela, pero su padre, quien no abandonó la sala pero tampoco opinó durante la entrevista, rápidamente movió su cabeza a ambos lados diciéndole que no la firmará. “Pero, él se levantó y nos dejó a solas por unos cuantos segundos, entonces ella rápidamente sacó de nuevo la foto y la firmó rápidamente y me dijo que la guardara antes de que él regresara. Y yo simplemente la guardé sin ver lo que escribió.” Al salir de la casa, Imelda Basurto se pellizcó para descubrir si lo que había pasado adentro de aquella casa no había sido un sueño. Caminó un poco, y sacó la foto que con la letra escrita por su cantante favorita ponía:

“Fue emocionante conocerte, cuídate. -Selena”