Red Revolution

El rojo es un tono mítico que ha maquillado a generaciones y generaciones de mujeres, ayudándolas a perpetuar su multifacética identidad, al formar parte de la lucha por su independencia.

Pintura de Cleopatra por A. Cabanel, perteneciente al siglo XIX.

El carmín es uno de los muchos símbolos que encarnan a sentimientos como el amor o la lujuria, y que se ha llevado en los labios desde que grandes civilizaciones como Egipto o Mesopotamia encontraron algunos métodos para crearlo, tiempos en los que no sólo no era fácil de obtener, sino que se conseguía por medio de combinaciones letales que podían llevarlas a  la muerte, detalle de escasa relevancia al momento de ser retratadas con él a través de grandes muros y papiros.

Ese tono posee una estrecha relación con el fuego y la sangre, por lo que para muchos pueblos fue uno de los primeros en existir. Su particular ambivalencia en cuanto a su significado, ha sido un elemento clave para encontrarse como favorito de todas las mujeres por su conexión con el líbido y la vida, pero que al ser derrochado, también representa la muerte, como el caso de las guerras o los sacrificios realizados en edades antiguas.

Su historia como amigo íntimo de la mujer comenzó en el siglo XVI, cuando lo popularizó la reina Elizabeth I de Inglaterra, al contrastar ese enérgico tono con lo pálido de su piel, si bien se descubrió una forma mucho menos letal de portar esa mezcla rojiza en los labios, su elevado costo permitió que sólo las mujeres de la aristocracia pudieran llevarlo. Comenzó a perder popularidad durante el siglo XVII, ya que Inglaterra penalizó y desmoralizó su uso durante un largo periodo de tiempo, mientras que en Francia comenzaba a utilizarse cotidianamente.

 A lo largo del XIX y XX el rojo fue el único color que existió para portarlo en los labios, ampliando su gama por medio de diferentes sombras. Estados Unidos creó el primer lápiz labial de larga duración que se colocó en el interior de un práctico y llamativo tubo de metal, fórmula que comenzó a ser imitada por marcas como Guerlain o Elizabeth Arden, que comenzaron a producirlo de manera estandarizada.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Elizabeth Arden, una pionera que convirtió a su casa en uno de los máximos referentes de la industria cosmética a nivel internacional, jugó un papel importante al crear algunos tonos rojos que fueron llevados por sufragistas estadounidenses como una forma de exigir su derecho al voto; Arden salió por la famosa puerta roja de su tienda en la Quinta Avenida en Nueva York para regalar ese emblemático pintalabios a esas mujeres, el esfuerzo de todas ellas logró la promulgación de la 19ª  enmienda en 1920 por medio de una revolución que posicionó al labial rojo como uno de los símbolos más fuertes de su feminidad, que en ese momento le abrió paso a su opinión dentro del ambiente político de Estados Unidos.

Para la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un sinónimo de distinción para las mujeres que lo llevaban porque una gran parte de éstas se encontraban unidas a las fuerzas bélicas, ya sea con sus esposos en los frentes de guerra o prestando sus servicios a los soldados, suceso que causó admiración en personas como Elizabeth Arden, quien creó tonos como Montezuma  Red y Victory Red, que hacían juego con los uniformes que portaban, convirtiéndose en una insignia de su patriotismo.

Este cosmético, además de ser un instrumento que evocaba a una lucha colectiva, fue un objeto que se puso de moda gracias a las flappers, féminas que tuvieron una vital importancia durante el periodo de entreguerras al proclamar su independencia económica y social por medio de nuevos comportamientos como cortarse el pelo, subir el largo de las faldas y convertirse en parte activa de la vida laboral, llegando a ser retratadas por escritores como Scott Fitzgerald en novelas como El Gran Gatsby.

Tiempo después, celebridades como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor contribuyeron a que el 98 por ciento de las mujeres estadounidenses llevaran un lipstick rojo a todas partes, convirtiéndose en parte del atractivo de una femme fatale. Durante la década de los sesentas y los setentas emergieron otros colores, pero fue durante los ochenta que la cantante Madonna lo popularizó nuevamente con el tono Russian Red, que utilizó durante su recorrido en Like a Virgin World Tour,  y que fue presentado en el mercado por MAC Cosmetics.

Pese a la montaña rusa por la que ha pasado el pintalabios rojo, es necesario reconocerlo como el color de la vida, que es llevado por esa figura que perpetúa la existencia humana. Una boca carmín es una experiencia femenina en la que se proyecta más de un significado e interpretación, un símbolo clásico y a la vez moderno que es usado para reiterar lo que ellas son: mujeres dueñas de su pasado, futuro y de ellas mismas, adornadas por un color que ha logrado convertirse en una temida parte de su encanto.