“…y nunca regresar a la ciudad”

Caloncho: Año nuevo, disco nuevo y su primer Lunario

Fotos: Ana Tello

Un nombre que ha sonado por todos lados durante 2014 es el de Caloncho, y aunque no es más que el apodo de un músico éste lo tomó para llamar así a su proyecto musical. Caloncho nació en Sonora pero terminó autodenominándose tapatío, ya que la mayor parte de su vida ha estado en Guadalajara, la capital de Jalisco.

Caloncho es mucho más que un hombre con su guitarra acompañado de otros colegas, es un concepto basado en esas cosas con las que soñamos todos los lunes [y más aquellos que son grises]: el sonido del mar, calorcito, una piña colada o una cerveza fría y una canción de reggae saliendo de una bocina.

Luego de un año lleno de éxito que lo llevó a viajar por prácticamente todo México, tocar en uno de los showcases de LAMC en Nueva York, llegar con su sonido a Costa Rica y ser nominado en dos categorías del Grammy Latino, este músico está listo para despedir una de las mejores etapas de su vida: la de Fruta con un show en el Lunario del Auditorio Nacional por lo que platicamos con él.

 

Hace dos años Carla Morrison también estuvo nominada en los Grammy Latinos y me dijo que es algo totalmente alterno, ¿cómo te fue a ti?

Sí. Fue una experiencia particular, cotorra, la disfruté y estoy bien contento de estar de vuelta a lo que soy. No creo que la experiencia de estar en la premiación me haya dejado mucho. Lo más chingón que me llevo de todo esto es la parte de decirle a mi mamá: “hey jefa, checa esta onda”, a mis compas, a mi familia… como no están tanto en este círculo es lo que ellos perciben. Están orgullosos. Estuvo cotorro, lo aprecio pero estoy de regreso a lo que me gusta que es hacer música y tocar.

Tu primer EP, Fruta, te llevó de viaje por todos lados y a presentarte tanto en foros pequeños como en grandes festivales como Vive Latino, ¿tienes algún recuerdo particular de alguna de estas presentaciones?

Tengo muchísimos. Los empecé a dividir entre ‘magnos’ y los ‘de vibra’ o ‘magnos con vibra’. Hay unos gigantescos que la neta estuvo bien loco y que tengo que estar concentrado en tener una ejecución buena porque de repente me nubla un poquito la cuestión emocional y no los disfruto al cien. Tocar en el Vive Latino estuvo muy cabrón, fue la primera experiencia ante tanta gente y eso le dio el toque para ser magno. Sentir la energía de la gente cuando gritaron, estuvo bien chido. Me gustó mucho la onda de ir a Costa Rica, de ir a Nueva York al LAMC a tocar. De repente shows bien particulares como el de Tlaxcala que son gente bien expresiva y buena onda que también me sentía como ídolo adolescente de repente. Esos gritos que dices ‘¿qué está pasando?’. Ha habido muchas “experiencias cumbre”, como dicen los Technicolor Fabrics.

Estás trabajando en el sucesor de Fruta, ¿cómo va eso?

En realidad son canciones contemporáneas que nacieron junto a las de Fruta pero que no había tenido tiempo de grabar. El objetivo aquí fue usar la misma fórmula para que sonara homogéneo: grabé en el mismo lugar, con el mismo productor (Siddhartha) y las mismas caguamas. La onda era darle esta uniformidad mediante proceso aunque las letras son un poco diferentes, la producción está más sombría; no es totalmente oscuro pero no es tan brillante como el otro y será Fruta Vol. 2, es lo mismo pero con una ligera evolución. Ya quiero empezar con lo nuevo, calar todas las nuevas ideas porque no he terminado este ciclo.

Ya que hablas de este cambio, en algún momento platiqué con Celso Piña y me contaba que a él no le encantaba que todas las canciones fueran de amor, que hay muchos temas más, por ejemplo, la naturaleza, ¿qué piensas al respecto?

Estoy totalmente de acuerdo, tal vez este primer EP la gente lo percibe como que soy un vato romántico y tal vez sí, porque esas canciones son de una época súper romántica, estaba muy enamorado. Ahora hablo de experiencias en sociedad, con los otros humanos que habitamos en el mismo lugar... eso se me hace chido, pueden tener un output positivo y de aprendizaje, en una de las rolas es más bien de despecho, la única que va a estar en el disco así y otra que habla del desapego, de la libertad personal.

Sé que te gusta Devendra Banhart, ¿qué más escuchas y qué descubrimientos musicales has hecho últimamente?

Me gusta escuchar música tranquila, me gusta mucho el reggae. Sí, me gusta mucho Devendra, escuché mucho Smokey Rolls Down Thunder Canyon, también What Will We Be; el Mala no lo he escuchado tanto pero es diferente, la primera vez no me gustó pero ya después lo volví a escuchar y me di cuenta de que es otra faceta del vato mucho más sombría. Ahorita estoy obsesionado con una canción en particular que me marcó en los últimos tres meses, se llama “Let Her Go”, de Mac Demarco. El Salad Days, de Marc De Marco, está buenísimo, lo vengo siguiendo desde una banda que tenía antes que se llamaba Makeout Videotape y se me hacían increíbles. Lo conocí en Montreal en un barecito bien punk. Siento que tuvo una explosión a nivel internacional en bien poquito tiempo y lo merece, es bien bueno la neta, es bien carismático y se me hace muy buena onda. De Guadalajara, hace poco conocí a los Baltazar que están muy perros, aquí en D.F. me tocó hacer una colaboración con Apache O’Raspi y está cabrón, particularmente Edna se me hace una masterpiece y el hecho de que sea para su mamá me fascina.

Podría decirse que cierras el año con tu primer show en el Lunario, ¿cómo va eso y qué debemos esperar como público?

Es el cierre de este año que ha estado increíble, es un gran reto lo considero porque es un súper foro, espero que la pasemos bien chido. Creo que esta expectativa me pone nervioso, pero el plan es pasarlo perro como en cualquier otro toquín. Estoy definiendo las colaboraciones, hay unos que son de cajón. Estoy aprendiéndome las nuevas canciones y sacando esas versiones con la banda, muchos de los arreglos se construyen en el estudio así que estamos cambiando versiones también, llevamos casi todo el año tocando las mismas. Estamos cambiándoles para ver cómo resultan. También voy a poner unas canciones que no voy a grabar nunca y son de los garabatos que hacía hace muchos años a ver qué onda.