Los tacones son el mejor amigo de una mujer

Con el par correcto somos capaces de todo.

Christian Louboutin. “Printz,”. Cortesía de Christian Louboutin. Jay Zukerkorn

“Los tacones son el mejor amigo de una mujer”; así es como debería ir la frase. Sí, nos gustan las joyas y un diamante es bien recibido, pero los tacones son con quienes mantendremos siempre esa interminable y loca relación de amor/odio (odio sólo por no poder tenerlos todos y por el dolor que nos puedan causar en algunas ocasiones). Con una enorme variedad de colores, diferentes alturas y formas, se han transformado en una prenda básica del armario femenino.

Por lo demás, no deja de sorprenderme pensar en que no fueron originalmente inventados para las mujeres. Si bien han sido por siglos símbolo de lo femenino, lo glamoroso e incluso lo sensual, el origen de este objeto de deseo para todas proviene realmente del Medio Oriente, donde los jinetes utilizaban tacones para aferrarse al caballo y poder disparar sus flechas de manera más precisa. Luego, por supuesto, los grandes monarcas y hombres de la alta sociedad los adoptaron para diferenciarse de sus súbditos. Que llegaran al pueblo fue cosa de tiempo, y aunque en un principio sólo se le veían en los armarios de hombres, comenzaron a ser utilizados por mujeres para obtener un look más masculino y atrevido. Ellas llegaron para retenerlos y transformarlos en sus más fieles compañeros.

De ahí en adelante comenzó una historia que parece no tener fin. El zapato de tacón pasó a transformarse en una fascinación colectiva; más allá de su utilidad, es cómo nos hace sentir lo que provoca quererlos. Si le preguntamos a las mujeres por la razón para utilizarlos la respuesta suele estar ubicada entre “me encanta como me hacen sentir” y “me atrevo a probar cosas con mis zapatos que no me atrevería con el resto de mi outfit”. Se trata en ambos casos de la forma en la que nos hacen actuar y pararnos —literal y figuradamente— frente al mundo.

Y es que parece que los tacones son una especie de tesoro que las mujeres tenemos. A pesar de sus orígenes, hoy en día son un objeto mayormente dedicado al público femenino, aunque se puede ver cómo poco a poco está naciendo una pequeña industria de tacones para hombre a medida que los paradigmas y prejuicios de género van desapareciendo. Diseñadores alrededor del mundo se dedican a crear piezas nuevas, llamativas y atractivas para satisfacer el hambre de zapatos que parece nunca acabar. Y admitámoslo: siempre hay espacio para un nuevo par en nuestro armario (y en nuestros corazones).

En promedio, cada mujer en el mundo posee alrededor de 19 pares de zapatos, pero varios de ellos no los usa. ¿Por qué? Es un extraño fenómeno que con los años se ha podido aclarar: decidir comprar un par es de esas maravillosas y adrenalínicas decisiones que nos pueden hacer el día. Llegamos a casa, los ponemos junto a nuestros otros pares, pero no queremos usarlos. Lucen tan limpios y perfectos que preferimos guardarlos para una ocasión especial. El problema es que esa ocasión demora o incluso no llega. Son nuestras pequeñas piezas de arte y la idea de que el diseñador los boceteó especialmente pensando en nosotras ronda nuestra cabeza.

Y es que ese es el tema: los zapatos son una especie de obra de arte. Mientras nuestros vestidos, blusas, faldas o pantalones yacen unos sobre otros o colgados sobre ganchos luciendo siempre sin vida hasta que los usamos, los tacones parecen estar vivos, de pie, esperando por nosotras. Mirarlos se vuelve alucinante. No es casualidad que tantos aristas se hayan atrevido a jugar con los tacones y transformarlos en esculturas y piezas de exhibición.

Actualmente en el Museo de Brooklyn en Nueva York se está llevando a cabo la exposición Killer Heels, hasta el próximo 15 de Febrero. Es cosa de entrar para sentirse en el paraíso (y preguntarse a dónde irán a parar todos esos zapatos cuando termine la exposición). Expuestos hay 160 de los más icónicos tacones de la historia y, por supuesto, los más importantes diseñadores dedicados a ellos. Lisa Small, curadora de la muestra se encargó de reunir las piezas que nos hacen suspirar y a su vez las que han cambiado paradigmas o marcado nuevas pautas,  como los icónicos Louboutin de suela roja o los chopines del siglo XVI.

Así, los zapatos se han vuelvo una forma de dejar nuestro rastro en el mundo; un objeto con el que los otros nos pueden recordar. He ahí que Cenicienta dejara tras de sí nada más y nada menos que uno de sus zapatos de cristal para que el Principe fuera en busca de su media naranja. A diferencia de las carteras o joyas, no podemos no usar calzado, por eso es tan importante y se vuelve a veces una obsesión: es imposible escapar de ellos. Sea como sea, nos gustan, nos hacen sentir bien y nos dan ese empujón para ser quienes queremos ser y ver el mundo desde donde queremos verlo.

Como dijera alguna vez Marilyn Monroe: “Denle a una mujer el par de zapatos correcto y ella podrá conquistar el mundo”.

Tenías razón, Marilyn, con el par de tacones correcto somos capaces de todo.