Hablamos con la poeta Luna Miguel más allá de su edad o número de seguidores

    Con ‘El arrecife de las sirenas’, Luna cierra una trilogía accidental.

    por · mayo 26, 2017

    “¿Y si te dijera que, a partir de mañana, no vas a poder volver a ver el mar? Puedes vivir el resto de tu vida haciendo lo que te dé la gana, pero no ver el mar”. Es la pregunta que Wilson, el personaje de la novela gráfica homónima de Daniel Clowes, lanza al lector en un intento de explicar cómo se siente la muerte de una madre. Por el contrario, es en el mar donde la poeta Luna Miguel ha conseguido no dejar de ver nunca a la suya. Más concretamente en El arrecife de las sirenas, nombre de su último poemario y enclave real de la costa mediterránea, más conocido quizá por ser el escenario de muchos de los videoclips del cantante de pop latino David Bisbal.

    Con El arrecife de las sirenas, Luna cierra una trilogía accidental que empezó hace cuatro años en La tumba del marinero con el cáncer de su madre, siguió en Los estómagos con la muerte y termina ahora con un Arrecife... marcado en el inicio por el intento frustrado de la autora de dar vida, pero con un final luminoso llamado Ulises.

    Una trilogía, tres libros, una cifra para una escritora a la que se la suele abordar en los medios desde los números. Ya sea por su juventud, por una relación sorprendente entre número de años vividos y libros escritos o, más frívolamente, por la cantidad de K’s o likes que acumula en sus redes. Luna es, sin duda, una poeta mediática. Una de esas autoras cuya imagen pública, para bien o para mal, ha eclipsado la obra. Sin embargo, sus tres últimos libros representan un paso literario desgarrador a la edad adulta. Es por eso por lo que la siguiente conversación trata exclusiva y únicamente sobre ellos.

    ¿Pensaste en algún momento cuando escribías La tumba del marinero que sería el inicio de una trilogía?
    Realmente, no. Todo lo que escribo está muy ligado a vivencias personales y, aunque a veces tienes ya muy claro por dónde quieres que vaya la obra, en lo personal empiezan a pasar cosas y entras en conflicto. Por ejemplo, Los estómagos, el libro que le siguió, nació de ese conflicto. Lo empecé a escribir desde la alegría de la recuperación de mi madre, hablando de un órgano tan importante como es el estómago, el cual necesitas para vivir, hablando de los alimentos y de la relación con los animales y el vegetarianismo… Pero, hacia el final, lo que yo no quería que pasara en la vida real acabó pasando y tiñó el libro.

    ¿Y qué ha acabado representando cada libro en ese proceso?
    Siempre me decían que yo era la poeta del cuerpo así que, llegados a ese punto, decidí reflexionar seriamente sobre qué es un cuerpo, un cuerpo femenino para mí. Si La tumba… es el pulmón enfermo y Los estómagos es, con todo lo que he explicado antes, el estómago, me di cuenta de que la siguiente fase tenía que ser la vida. Volver a esa vida que, a su vez, volverá a enfermar y volverá a ser el pulmón enfermo. Por eso tenían que ser 3 libros y no 2. La vida me había llevado a cosas oscuras, pero yo quería generar cosas luminosas y vi que esas cosas luminosas solo se podían generar desde el útero, capaz de dar vida.

    Suena a epifanía, ¿cómo lo supiste?
    Fue hablando con mi amigo el poeta Arturo Sánchez cómo me di cuenta de que esa última parte tenía que ser el hijo. En aquella época, a mí no me interesaba la maternidad para nada. Lo que yo quería era adoptar en un futuro lejano, pero un embarazo no era algo por lo que quisiera pasar y, de hecho, no ha sido la mejor experiencia de mi vida. Dicho así parece que haya tenido un hijo para escribir un libro (se ríe) pero había llegado un punto en el que la felicidad tenía que imponerse a la tragedia


    En la redacción de PlayGround se decía que tenías allí guardados todos tus ejemplares de Los Estómagos porque no querías verlos en casa. ¿Es verdad?
    Bueno, es un libro que ni siquiera he presentado... De hecho, llevo mucho tiempo sin hacer una presentación y se debe, sobre todo, al hecho de tener que leer en público ciertas cosas. Dudo si voy a ser capaz de expresar realmente lo que quiero al leer estos textos. Por ejemplo, con Museo de cánceres [poema de La tumba del marinero] sé que hay gente que ha llorado y no quiero que mi poesía se vea como algo que hago para intentar provocar lágrimas fáciles. Mis libros no son nada de eso. Jugar la carta de hacer llorar a la gente y que salgan compungidos de la lectura es algo que me molesta de otros escritores.

    Tengo la sensación de que a veces la gente puede confundir tus redes sociales con tus poemas. En ambos lados muestras sin cortapisas lo que te pasa en la vida real pero, claro, un poema nunca es tan inmediato como pueda parecer. Hay un trabajo intelectual detrás.
    Tal vez se debe a que he tratado temas íntimos, en los que se desvela más que en otro tipo de poesía, pero hay una estructura muy clara y una planificación. El arrecife se limó mucho, era bastante más largo en un principio. Si te fijas, cada parte se compone de 10 poemas, menos Adiós, bebe que tiene 5. Esos poemas eran tan cercanos a la realidad y me parecía tan sucio desnudar esos sentimientos malos del aborto que preferí incluir solo los poemas que tocaban el tema por encima. Tal vez más adelante sí que pueda escribir sobre ello, pero me pareció más elegante pasar de puntillas por un tema tan escabroso.


    ¿Qué relación hay entre muerte y maternidad?
    Es una respuesta totalmente animal. Pierdes una vida que aprecias y necesitas otra. Es egoísta, pero también es supervivencia. Tu cuerpo, de repente, quiere repoblar el mundo con otra persona que a ti te va a ayudar a soportar la pérdida y que va a contribuir a que la rueda de la vida siga. Es un rollo muy El rey león (se ríe). De hecho, Ulises no ha sido el único, tengo primas que también han nacido de la enfermedad y muerte de mi madre. Es una correlación común que se ha dado en varias personas a mi alrededor.

    En este libro, Ulises, de repente, ocupa un lugar muy espiritual, siendo la espiritualidad algo que siempre habías rechazado activamente en tus anteriores trabajos...
    En un escenario en el que todo parecía oscuro y en el que no había nada que me pudiera atar a las cosas bonitas de la vida sí que, de repente, vi la maternidad como un ancla que me decía que me esperara porque todavía me quedaban muchas cosas por descubrir. Aunque no es solo eso. El arrecife de las sirenas es un libro de viajes y, si te das cuenta, ocurre en todas partes menos en ese lugar que da nombre al libro. Supongo que es una forma de decir que somos nosotros los que creamos todos esos lugares, iconos y alegrías que nos hacen poder seguir adelante con el día a día y con todo.

    La cicatriz es una figura que aparece en La tumba del marinero y que ha ido apareciendo y evolucionando en los dos siguientes libros hasta, finalmente, llegar a la conclusión en este de que no sirven para nada. ¿De verdad lo crees así?
    Que no sirvan para nada es como decir que sirven para todo. Las cicatrices son esa contradicción: el recuerdo de que ha habido algo doloroso, pero también de que lo has superado y ha quedado atrás. Es algo que duele y que, además, nunca va a dejar de hacerlo, porque un día que te has expuesto al sol o que algo te roza, te vuelve a molestar… Sin embargo, al mismo tiempo, al mirarla sientes una especie de victoria. Es una imagen manida pero cierta. Ese poema, en concreto, está escrito en México el mismo año en que murió mi madre y en una fecha en la que habría cumplido años. Aquel fue el primer viaje en el que me reí y que me lo pasé bien después de una experiencia traumática. Así que sí, diría que las cicatrices son más bien una celebración de que han pasado cosas.

    ¿Y qué cosas te gustaría que pasaran ahora?
    Quiero dejar de escribir sobre mí misma y dejar de lado el cuerpo femenino. Durante una época, toda esta reflexión sobre la feminidad hacía falta que se hiciera, pero yo creo que ya he cumplido con mi parte y ahora me interesa ir hacia otros lugares. El libro en el que estoy trabajando ahora se llama Poesía masculina y nace de una reflexión sobre qué le puedo dejar útil a Ulises. Qué podría aprender Ulises de mí y de mis libros más allá de leerse a sí mismo de bebé o de ver que le queríamos mucho cuando nació. Reflexionar sobre la masculinidad es algo que me importa mucho ahora. Entre otras cosas porque parece que un hijo se acabe cuando deja de ser bebé... Pero, precisamente, es ahí donde se acaba el olor a Nenuco cuando empieza la maternidad de verdad, donde empieza el criar a una persona y enfrentarte a los problemas de verdad. Se plantean una serie de dudas que me gustaría resolver de forma literaria leyendo otro tipo de lecturas y empezando a reflexionar también para él.

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    Last updated: 2017-05-26T19:27:59-04:00
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